lunes, 27 de mayo de 2013

BENTINVENGA DI GUBBIO Y SANTA CLARA.

 Santa Clara y Bentivenga de Gubbio.
Clara de Montfaucon es presentada por la hagiografía tradicional como un ser cuasi-angelical en el que se combinan y articulan la bondad franciscana y la dulzura femenina. Pero parece que no fue exactamente así. Hay estudios ahora que revelan cómo consiguió la santa franciscana ciertos favores de la jerarquía eclesiástica a cambio de intimar con Bentivenga de Gubbio y traicionarle después. Bentivenga es un interesantísimo heresiarca del siglo XIII que se separa de la ortodoxia franciscana por sus tesis sobre la inexistencia del infierno y la certeza de que, pudiendo Dios hacer que el pecado no exista, con toda seguridad no habrá dejado de hacerlo. Bentivenga propugna la ausencia de remordimientos, la inocuidad del destino, el júbilo inocente frente a las amenzazas cristianas. Para él, no hay ninguna necesidad de participar en el sufrimiento de Cristo; es Dios quien escribe nuestra historia y debemos pues actuar sin complejos ni temores.Clara convive durante muchas jornadas con Bentivenga. Podemos imaginarla en los cálidos atardeceres de la Toscana, sentada sobre un pilar caído de alguna ermita en ruinas, escuchando arrobada las palabras salvíficas del heterodoxo seguidor de Francisco.Pero la santa soplona cumple muy bien su importante misión. En el verano de 1307, tras ser delatado por Clara, el filósofo es apresado por la Inquisición y entra en prisión en Florencia para pasar allí el resto de sus días rodeado de seis de sus seguidores. No se puede confirmar si en aquellos días de cruel encierro y tortura, el recuerdo de una mujer atormentaba a Bentivenga de Gubbio, o tal vez le servía de consuelo.

Clara de Montfaucon es presentada por la hagiografía tradicional como un ser cuasi-angelical en el que se combinan y articulan la bondad franciscana y la dulzura femenina. Pero parece que no fue exactamente así. Hay estudios ahora que revelan cómo consiguió la santa franciscana ciertos favores de la jerarquía eclesiástica a cambio de intimar con Bentivenga de Gubbio y traicionarle después. Bentivenga es un interesantísimo heresiarca del siglo XIII que se separa de la ortodoxia franciscana por sus tesis sobre la inexistencia del infierno y la certeza de que, pudiendo Dios hacer que el pecado no exista, con toda seguridad no habrá dejado de hacerlo. Bentivenga propugna la ausencia de remordimientos, la inocuidad del destino, el júbilo inocente frente a las amenzazas cristianas. Para él, no hay ninguna necesidad de participar en el sufrimiento de Cristo; es Dios quien escribe nuestra historia y debemos pues actuar sin complejos ni temores.
Clara convive durante muchas jornadas con Bentivenga. Podemos imaginarla en los cálidos atardeceres de la Toscana, sentada sobre un pilar caído de alguna ermita en ruinas, escuchando arrobada las palabras salvíficas del heterodoxo seguidor de Francisco.
Pero la santa soplona cumple muy bien su importante misión. En el verano de 1307, tras ser delatado por Clara, el filósofo es apresado por la Inquisición y entra en prisión en Florencia para pasar allí el resto de sus días rodeado de seis de sus seguidores. No se puede confirmar si en aquellos días de cruel encierro y tortura, el recuerdo de una mujer atormentaba a Bentivenga de Gubbio, o tal vez le servía de consuelo.

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