viernes, 21 de junio de 2013

Isaac Abrabanel

(también: Abravanel, Abarbanel).
Judío, hombre de estado, apologista) y exegeta, nació en Lisboa en 1437; murió en Venecia en 1508, fue sepultado en Padua. Desde su juventud, fue cuidadosamente aleccionado en literaturas talmúdicas y rabínicas, y dominaba varias ramas del conocimiento secular. Su agudo intelecto y, sobre todo, una gran habilidad para los negocios atrajo la atención de Alfonso V de Portugal, quien lo nombró su tesorero, posición que ocupó hasta 1481. El favor mostrado por un príncipe católico hacia un judío sobresaltó la opinión pública en esos tiempos, y bajo el reinado de Juan II Abrabanel fue acusado de conspirar con el Duque de Braganza, y salvó su vida al huir hacia Castilla en 1483. Poco después entró al servicio de Fernando e Isabel I, de 1484-92. Después de la caída de [[Granada], él compartió el destino de su raza, y fue desterrado de España en 1492. Se dirigió a Nápoles y, debido a varias vicisitudes, se fue sucesivamente a Mesina, Corfu, Monópoli y finalmente a Venecia.
La mayoría de los trabajos de Abrabanel datan de sus últimos años de vida cuando, debido a sus desgracias, tuvo más tiempo libre para recopilar y ordenar sus pensamientos. Abrabanel conocía a Platón y Aristóteles y es a menudo tenido en una categoría superior entre los filósofos judíos. Su filosofía, sin embargo, para él era simplemente un medio para defender sus convicciones religiosas. Difícilmente se puede decir que él haya escrito algún trabajo declaradamente filosófico, con la posible excepción de un tratado juvenil sobre la forma de los elementos naturales; sus opiniones a ese respecto deben ser recopiladas de varios tratados teológicos y exegéticos.
Como teólogo y apologista Abrabanel se muestra como un campeón de la más rígida ortodoxia judía, y no vacila en oponerse a Maimónides cuando éste pareció apartarse de la creencia tradicional. En el campo de la exégesis bíblica, Abrabanel tiene el mérito de haberse anticipado mucho a lo que ha sido avanzado como nuevo por los investigadores modernos, y de haber considerado sistemáticamente no sólo la letra del Texto Sagrado, sino también las personas de sus autores, sus objetivos y su ambiente. Cada comentario contiene un prefacio en el cual estas preguntas preliminares son tratadas. Su familiaridad con autores cristianos, su conocimiento de la vida y costumbres cortesanas, un sentido agudo de sus desgracias, unido a un extenso conocimiento y un gran poder de observación, lo prepararon eminentemente para la tarea de intérprete bíblico. Tenemos de él un comentario sobre el Deuteronomio; sobre los primeros cuatro libros del Pentateuco; sobre los profetas tempranos y los tardíos. Estos han sido cálidamente encomiados tanto por judíos como por cristianos, han pasado a través de varias ediciones, y muchas de ellas han sido, por completo o en parte, traducidas al latín. De sus otros trabajos podemos mencionar "La Corona de los Ancestros", "El Pináculo de la Fe", "Las fuentes de la Salvación", en forma de un comentario sobre Daniel, "La Salvación de sus Ungidos", "El Heraldo de la Salvación", en el cual se compila y se explica todos los textos mesiánicos. Sus obras, cuyos títulos son expresados aquí en español, fueron escritas en un hebreo moderno, claro, refinado, pero ocasionalmente difuso.

Fuente: Butin, Romain. "Don Isaac Abrabanel." The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907. <http://www.newadvent.org/cathen/01050b.htm>.
Traducido por Lourdes P. Gómez. L H M.

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