jueves, 13 de junio de 2013

KABBALAH.



La cábala (del hebreo קַבָּלָה‎ qabbalah, ‘recibir’) es una disciplina y escuela de pensamiento esotérico relacionada con el judaísmo. Utiliza varios métodos más o menos arbitrarios para analizar sentidos recónditos de la Torá (texto sagrado de los judíos, al que los cristianos denominan Pentateuco, y que representa los primeros cinco libros de la Biblia).
En la antigua literatura judaica, la cábala era el cuerpo total de la doctrina recibida, con excepción del Pentateuco. Así pues, incluía a los poetas y los hagiógrafos de las tradiciones orales, incorporadas posteriormente al texto de la Mishná.
Sus textos principales son el Árbol de la Vida, el Talmud de las 10 sefirot, el Zohar, el prefacio de la Sabiduría de la cabalá.

Índice

Orígenes

La cábala surgió hacia finales del siglo XII, en el sur de Francia y España. Durante el renacimiento místico judío en la Palestina otomana.
La cábala sale a la luz como tal entre los siglos XII y XIII en la Provenza y Cataluña a través de las comunidades judías de la zona vinculadas indefectiblemente a Oriente Próximo. Así, podemos decir que la cábala nace en Sefarad, la comunidad judía española.
Una importante contribución a la cábala se la debemos a Abraham Abulafia (nacido en Zaragoza en 1240). Una de las fuentes más importantes de la cábala es el Zóhar (‘libro del esplendor’), escrito por Simeón Ben Yojai. La idea básica allí expuesta es que, del seno mismo de la Divinidad Oculta o Infinito (el Ain Sof), surgió un rayo de luz que dio origen a la nada (ain), identificada con una esfera (sefirá) o región, que recibe el nombre de kéter (‘corona’). A partir de esta corona suprema de Dios emanan otras nueve esferas (las sefirot). Estas diez esferas constituyen los distintos aspectos de Dios mediante los cuales este se automanifiesta.
Según el escritor italiano Pico della Mirándola (1463-1494), el filósofo cabalístico alemán Johannes Reuchlin (1455-1522) y el matemático alemán Wilhelm Schickard (1592-1635), la cábala era una sabiduría ancestral anterior a todas las religiones, que el dios Yahvé había revelado primero a Adán (el primer hombre, según la mitología hebrea), después a Abraham y luego a Moisés en el monte Sinaí, al tiempo que le hacía entrega de las Tablas de la Ley, un suceso que los judíos creían real, y situaban alrededor del siglo XIII a. C.
También se pretende que Dios enseñó sus verdades y misterios a través del ángel Raziel tras la caída de Adán.

Explicación de la cábala

La cábala como tal es el pozo de todas las tradiciones místicas judías que se fueron acumulando desde antes de Cristo y que llegaron a reinterpretar las Escrituras de tantas y tan variadas maneras que llegaron a crear una mística cercana al gnosticismo o al jasidismo.
En esencia, la cábala (palabra que significa ‘recibir’) es un sistema de interpretación mística y alegórica de la Torá (que los cristianos llaman Pentateuco, y representa los primeros cinco libros de la Biblia cristiana),1 que busca en ese texto el significado del mundo y la «verdad». Pretende interpretar los sentidos ocultos de los cinco libros y en ellos busca la revelación. Puede entenderse de una manera metafísica, buscando la iluminación, o se puede entender como un medio a través del cual llegar a conocer la realidad que nos rodea. Cabalística es la afirmación de que «el conocimiento absoluto no tiene objeto sino que es un medio». Para los cabalistas, el lenguaje es creador y la Torá contiene todos los textos, todas las combinaciones que pueden darse para crear otros mundos y otras realidades. Los cabalistas entienden que el nombre de Dios está formado por todas las letras que componen el alfabeto y que este, por tanto, tiene múltiples formas. Dios se sirvió de las letras para crear el universo a través de sus emanaciones o sefirot.
De todas formas hay quien dice que existe una cábala cristiana, a lo que otros responden diciendo que lo más cercano al misticismo judío de la cábala es el catarismo.

Dos tipos de cábala

La cábala se subdivide dogmática (o real) y artificial (o simbólica).
La cábala dogmática explica los sentidos ocultos de ciertas palabras de la Biblia, con aplicación a los fenómenos de la historia de la creación. Es de dos especies:
  • la doctrina de la Merkabá que trata del mundo supralunar (o sea de la teología y la metafísica) y
  • la doctrina de Bereshit, que se ocupa en el mundo sublunar (o sea el de los fenómenos).

La cábala simbólica o artificial

En la cábala artificial se prescriben determinadas reglas hermenéuticas para descifrar el sentido oculto de los textos de la Biblia. Así, para descifrar el sentido oculto de los textos de la Biblia (a los que se considera acompañados de un sentido recóndito) se colocan verticalmente unas encima de otras las palabras de diferentes versículos de la Sagrada Escritura, resultando nuevas palabras de las letras en lectura vertical. Las palabras se disponen en forma de cuadro para poder ser leídas verticalmente o en bustrófedon. Las palabras se juntan totalmente y se las separa de nuevo, etc.
La lectura cabalística artificial utiliza tres mecanismos analíticos básicos:
  • la gematría
  • el notaricón
  • la temurá.

Gematría

La gematría considera el valor numérico de la palabra o palabras del texto, cuyo sentido se indaga, el cual será el de otra palabra extraña cuyas letras sumen el mismo valor numérico que aquella o aquellas. Así, en el Génesis XLIX, 10, se lee: «No se le quitara la vara de mando a Judá, ni (faltará) el legislador (la antorcha suprema) de entre los de su generación (descendencia) hasta que venga el Pacífico (Shiló Yabosh)». Para saber quién es el pacífico, los cabalistas suman los valores de número de las palabras hebreas «hasta que venga el Pacífico», que dan yod es igual a 10, bet es igual a 2, alef es igual a 1, shin es igual a 300, yod es igual a 10, lámed es igual a 30, he es igual a 5, total 358. Como que los valores de las letras que entran en la palabra מָשִׁיחַ (mashíaj, ‘mesías’) son igualmente 358, el pacífico será el Mesías.
Alefato o alfabeto hebreo de 22 caracteres
Figura Letra Símbolo Equivalencia Valor Figura Letra Símbolo Equivalencia Valor
א alef A a 1 ס sámej s s 60
ב bet b b v 2 ע áyin o o 70
ג gimel g g 3 פ pe p p 80
ד dálet d d 4 צ tsadik ts ts 90
ה he' h h 5 ק quf q q 100
ו vav V U, W, F 6 ר reish R R 200
ז zayín Z Z 7 ש shin sh sh s 300
ח jet j j 8 ת taf t t 400
ט tet t t 9 ך k final

500
י yod i y, i 10 ם m final

600
כ kaf k k 20 ן n final

700
ל lámed l l 30 ף p final

800
מ mem m m 40 ץ ts final

900
נ nun n n 50 א” alef'

1000

El notaricón

En el método notaricón se juntan, a manera de acróstico, las letras iniciales o las finales de las palabras de una frase cuyo sentido quiere interpretarse para, con la palabra resultante, descubrir este. Así, las palabras hebreas que corresponden a las tres primeras de las que dijo Abraham a Isaac en el acto de sacrificarle: «La víctima, hijo mío, la proveerá Dios» (Génesis, XXII, 8) empiezan por Alef, Yod, Lámed que unidas forman la voz ail (‘carnero’), y en efecto, el carnero se halla indicado en el versículo 13.
El notaricón, por último, «lee entre líneas» reveladas las respuestas que el lenguaje divino mantiene ocultas para un lector no iniciado. Básicamente, se trata de tomar las iniciales de una serie de palabras, o las letras finales, y extraer de ahí nuevo material profético, «no-revelado» y preciso. Dado que en hebreo no se escriben los sonidos vocálicos, se puede obtener una considerable cantidad de palabras ocultas. Umberto Eco cita un ejemplo del Eclesiástico que pregunta: «¿Quién subirá por nosotros al reino de los cielos?». Tomando las letras iniciales y las finales de cada palabra, se obtiene la siguiente respuesta: «Los justos verán a Dios».

La temurá

En la técnica temurá, el nuevo sentido sacado de una palabra sale transponiendo las letras de que se compone, o separándolas de manera que formen diferentes palabras; es decir, un procedimiento anagramático. Se ha hablado mucho de la numerología relacionada con la cábala. Cada letra como elemento creador tiene asignado un número, lo que le confiere significados aún más crípticos a textos como la Torá o, en realidad, a cualquier otro.
La temurá consiste en la permutación de letras al modo de un anagrama. Ya que en el hebreo escrito no hay vocales, de la lectura de una palabra como YHWH se sigue WHYH, HWYH, cada una con un posible significado simbólico concreto. La gematria es otra disciplina de interpretación que consiste en cálculos numéricos obtenidos a partir de las letras del alefato (el alfabeto hebreo). Este sintetiza 10 significaciones posibles en cada letra, a saber:
  • relativas al concepto que encubren
  • a su significado estricto
  • a su forma
  • su número
  • su significación celeste (zodiacal y astrológica).
  • su localización temporal (en estaciones, días de la semana y meses).
  • su relación con el cuerpo humano, su efecto sobre las habilidades y los dones del hombre
  • simbolizando a personajes importantes de la historia de Israel
  • especificando la dirección de los canales que unen a las diez sefirot.

Estructura de las sefirot

El Árbol de la vida. Cada círculo representa una de las diez sefirot.
La cábala explica diez esferas (sefirot), enumeradas habitualmente en el orden en que el rayo de Dios desciende para crear el mundo, que es la misma numeración que es utilizada por la europeizada cábala hermética.
Se encuentran listados a continuación sus nombres y el significado traducido del hebreo:
  1. Kéter (la corona, el deseo de hacer bien a sus creados, el otorgamiento).
  2. Jojmá (la sabiduría, el deseo de recibir).
  3. Biná (el otorgamiento, el deseo de otorgar con la intención de recibir).
Sefirots de Zeir Anpin (El deseo de recibir con la intención de otorgar).
  1. Jesed (la misericordia).
  2. Gevurá (la justicia. fuerza).
  3. Tiféret (la belleza).
  4. Netsaj (la victoria de la vida sobre la muerte).
  5. Hod (la eternidad del ser, la gloria).
  6. Yesod (el fundamento, la generación, o piedra angular de la estabilidad).
  7. Maljut (el reino, el deseo de recibir con el fin de recibir, la materia de la creación, el ego, la vasija, la cualidad de la recepción pura).
Así las 10 sefirots se agrupan en 5 estados de la naturaleza: inanimado, vegetativo, animado, hablante y el creador. Las sefirots son un sistema integral presente en cada persona y su deseo de recibir placer. El deseo de recibir puede rechazar o absorber la luz de placer mediante el creador, la propiedad de otorgamiento presente en la unidad del entorno.

Véase también

Referencias

  1. «RAE». Consultado el 13 de octubre de 2011.

Bibliografía

Enlaces externos

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