miércoles, 28 de agosto de 2013

FRENTE A LA MODERNIDAD.

Mujer musulmana cubierta con un chador.
Mujer musulmana integrista cubierta con un chador.

El impacto de la modernidad resultó un revulsivo para el pensamiento musulmán en mucha mayor medida que para el occidental. El ideal de sociedad laica resulta extraordinariamente difícil de alcanzar sin renunciar al núcleo mismo de la identidad. La capacidad agresiva occidental, que impuso la voluntad de las potencias europeas en Oriente Medio y en el norte de África, se manifestó claramente con la progresiva descomposición del sultanato otomano, que mantenía la idea de un estado panislámico. Por tanto, la reacción más radical frente a la modernidad surgió de las cenizas de este gran imperio.
El presidente de la República de Turquía a partir de 1923, Mustafá Kemal Atatürk, propició una vía de desislamización. El islam fue tolerado como práctica cultural personal, pero no influía teóricamente en las instituciones, que ya no se regían por la ley islámica. Los signos externos de la forma de vida islámica fueron abolidos y se optó por una occidentalización que permitiese a la nación turca competir en plano de igualdad con las potencias de Europa. En esta línea de adaptación a la modernidad se incluyen otros modelos de nacionalismo árabe «liberal» como el impulsado por el partido Bass, en el gobierno de Siria e Irak, el naserismo de Egipto, los modelos iraníes antes de 1979 o el caso argelino.
Estas opciones han de contemporizar puntualmente con los tradicionalistas islámicos, pero rechazan totalmente sus reivindicaciones, sobre todo las de forma violenta.
A estos se enfrenta de modo radical el fundamentalismo islámico, consolidado tras la fundación en 1927 de la Asociación de los Hermanos Musulmanes, cuyo lema sintético es «el Corán es nuestra constitución», y que unen la crítica a los musulmanes tibios con un anti-occidentalismo. Este extremo lo ejemplifican las palabras de uno de sus máximos ideólogos, Sayyid Qutb:
«¡Todas las representaciones de las hipóstasis de la Trinidad, el pecado original, de la Redención, no hacen sino perjudicar a la razón y a la conciencia! ¡Y ese capitalismo de acumulación, de monopolios, de intereses usurarios, impregnado de arriba a abajo de avidez! ¡Y ese individualismo egoísta que impide toda solidaridad espontánea que no sea la obligada por las leyes! ¡Esa visión de la vida tan materialista, tan miserable, tan disecada! ¡Esa libertad bestial denominada mezcla de sexos! ¡Ese mercado de esclavas bajo el nombre de emancipación de la mujer, esas astucias y ansiedades de un sistema de matrimonios y divorcios tan contrario a la vida natural! ¡Esa discriminación racial tan fuerte y tan feroz! En comparación, ¡cuánta razón, qué altura de vistas, qué humanidad, en el islam!»
Maalim fi l-tariq, Señales en el camino, 1964.

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