lunes, 6 de enero de 2014

CARRO SOLAR COMO SÍMBOLO RELIGIOSO.



           Según se desarrolló el pensamiento simbólico-sagrado, el sol llegó a concebirse cruzando a diario el cielo sobre un vehículo. Si los antiguos egipcios lo retrataron como una barca solar, otras culturas imaginaron una carrera llevada por caballos o un carro guiado, p. e., por el dios solar hindú Suria.

El carro solar es otra representación mitológica, como la barca solar, pero algo más reciente, ya que se estima que su origen corresponde a la expansión indoeuropea, después de la invención del carro, en el II milenio a. C.
  • El Carro Solar de Trundholm, de un dios nórdico.
  • En Grecia, Helios conduce un carro y también Faetón.
  • El Sol Invictus fue representado en un cuadriga en el reverso de una moneda romana.
  • Elías asciende al cielo en un carro de fuego.
  • Suria es un dios védico que representa al Sol en el panteón hindú y es mostrado conduciendo un carro con siete caballos.
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  • Carro solar de Trundholm

    Costado con elementos dorados.
    Costado sin huellas de elementos dorados.
     
    El carruaje solar de Trundholm (en danés Solvognen) es un objeto de la edad de bronce nórdica tardía descubierto en Dinamarca, que ha sido interpretado como el sol arrastrado por una yegua, pudiendo tener una relación con elementos de la mitología nórdica tardía encontrados en fuentes del siglo XIII. En la actualidad pertenece a la colección del Museo Nacional de Dinamarca en Copenague. Data concretamente del año 1300 a. C.

    Características

    El carro del sol fue hallado en 1902 en una marisma de la localidad de Trundholm, en la región de Sjælland, Dinamarca.
    El carruaje solar de Trundholm es una estatua de bronce y oro, que comprende un disco de 25 cm, con una altura total de 59 cm. El elemento equino se encuentra sobre una estructura que comprende cuatro ruedas. Bajo el disco también hay ruedas, conectadas asimismo al resto del objeto. Totadas las ruedas comprenden cuatro ejes. Para su realización se recurrió a un técnica de repujado y cera perdida en hueco.

    Helios era imaginado como un hermoso dios coronado con la brillante aureola del sol, que conducía un carro por el cielo cada día hasta el Océano que circundaba la tierra y regresaba por éste hacia el este por la noche. Homero describe el carro de Helios como tirado por toros solares; más tarde Píndaro lo escribió que por «corceles que arrojaban fuego» Posteriormente, los caballos recibieron fogosos nombres: Flegonte (‘ardiente’), Aetón (‘resplandeciente’), Pirois (‘ígneo’) y Éoo (‘amanecer’).

    Faetón alardeaba con sus amigos de que su padre era el dios-sol. Éstos se resistían a creerlo e incluso uno de ellos decía ser hijo de Zeus lo cual enojo a Faetón que terminó acudiendo a su padre Helios, quien juró por el río Estigia darle lo que pidiera. Faetón quiso conducir su carruaje (el sol) un día. Aunque Helios intentó disuadirle, Faetón se mantuvo inflexible. Cuando llegó el día, Faetón se dejó llevar por el pánico y perdió el control de los caballos blancos que tiraban del carro. Primero giró demasiado alto, de forma que la tierra se enfrió. Luego bajó demasiado, y la vegetación se secó y ardió. Faetón convirtió accidentalmente en desierto la mayor parte de África, quemando la piel de los etíopes hasta volverla negra. Finalmente, Zeus fue obligado a intervenir golpeando el carro desbocado con un rayo para pararlo, y Faetón se ahogó en el río Erídano (Po). Su amigo Cicno se apenó tanto que los dioses lo convirtieron en cisne. Sus hermanas, las helíades, también se apenaron y fueron transformadas en alisos o álamos, según Virgilio, convirtiéndose sus lágrimas en ámbar.
     
  •  Elías. Según 2 Reyes 2:1-13 tras la muerte de Ocozías, (852 a. C.) Dios traspasa el oficio de profeta a Eliseo, «un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino.» (2 Reyes 2:11) a la vista de Eliseo. Eliseo toma el manto de Elías y es de este modo reconocido por Yahvé como su profeta.
           Suria. En el siglo XIV, el filósofo Shaiana, en su comentario al Rig-veda (donde se dice que Suria, el dios del Sol, da vueltas alrededor de la Tierra en su carro de oro fulgurante), escribió: «Se recuerda así: “Oh, Suria, tú que viajas 2202 ióyanas en la mitad de un parpadeo”».

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