viernes, 10 de enero de 2014

LEÓN X Y LAS HEMORROIDES.

                    
Al ser elegido Papa, PAPA LEÓN X. (1513-1521) comentó a un cardenal amigo: "Dios nos ha dado el papado. Disfrutémoslo". ¡Y vaya si lo hizo!

                     Pronto su mandato se hizo famoso por su especial dedicación al ocio, a la buena vida y al libertinaje. Era conocida su afición a los jovencitos y al licor aunque también le gustaban las relaciones heterosexuales porque llegó a tener un buen número de hijos bastardos, para lo sque consiguió una buena posición social.

                    También fue un dilapidador de fortunas. Por los fastos realizados durante su coronación, por ejemplo, se llegaron a gastar más de cien mil ducados de la época. Se vistió con una túnica bordada en oro cubierta de piedras preciosas y encabezó a caballo una procesión seguida por dos mil quinientos soldados y más de cuatrocientas personalidades, entre las que se encontraban reyes, príncipes y nobles, que caminaron por una ruta plagada de banderas y adornos. Llegó incluso a construir un arco de piedra a la memoria de ese día tan señalado. Esa noche hubo celebraciones con grandes banquetes y fuegos artificiales.

                   Uno de sus amantes más famosos, Cardenal Alfonso Petrucci. para quien el Papa compró el título de Cardenal, intentó acabar con la vida de su mentor pensando que en algún momento podría alzarse con el papado. Para terminar con León X trató de sobornar al médico florentino que lo iba a operar de hemorroides que padecía. Petrucci pretendía que el doctor introdujese veneno en el ano del sumo pontífice mientras realizaba la operación. Una carta que encontró el servicio secreto del Papa dio al traste con la operación y con su amente en los calabozos. Durante varios días lo torturaron en el potro hasta que confesó su traición y después fue ejecutado.

                 Aparte de sus hemorroides, León X también pasará a la historia por haber promulgado LA TAXA CAMARAE DE LEÓN X., una tarifa estipulada con el fin de vender indulgencias y perdonar las culpas a todos cuantos pudiesen patar unas buenas libras al pontífice. No había delito, por terrible que fuese, que no pudiese ser perdonado a cambio de dinero. Por este motivo Lutero, indignado con tanta corrupción, se levantó contra la Iglesia Católica.

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