sábado, 12 de abril de 2014

San Beato de Liébana.


Monje y presbítero, que vivió durante la segunda mitad del s. VIII. Los escasos datos biográficos que han llegado hasta nosotros no ofrecen siempre una perfecta certeza histórica. Profesó la vida monástica en un monasterio de Liébana (Santander), probablemente en el de San Martín, llamado más tarde de Santo Toribio. Posiblemente fue maestro y consejero de la reina Adosinda, esposa de Silo de León. En la polémica adopcionista, B., juntamente con el obispo de Osma, Eterio, escribió un tratado Adversus Elipandum, es decir, contra Elipando, arzobispo de Toledo, que había atacado duramente a B. Éste es célebre sobre todo por su Comentario al Apocalipsis (en 12 libros), escrito en 776 y reeditado dos veces: en 784 y 786 (por lo menos la obra aparece en tres redacciones). Como la mayor parte de los escritores de su época, B. no se muestra muy original en su obra exegética; depende, como él mismo confiesa, de Ireneo, Ambrosio, Victorino de Petavio, Jerónimo, Fulgencio de Ruspe, Apringio, Primasio, Gregorio Magno, Gregorio de Elvira e Isidoro de Sevilla. Sin embargo, este Comentario es muy importante para la historia de la exégesis antigua y por el texto mismo del Apocalipsis. Difiere de las acostumbradas Catenae de citaciones patrísticas, porque las citas están conectadas entre sí, tan ingeniosa y armónicamente que forman un todo único sin solución de continuidad. El Comentario se conserva en 26 manuscritos; 9 de ellos pertenecen al s. X, 5 al XI, 8 al XII, 2 al XIII y 2 al XVI. Estos códices son famosos por las miniaturas con que fueron ricamente iluminados en escritorios leoneses y castellanos, y que pertenecen a lo más representativo del antiguo arte eclesiástico hispánico. Estas miniaturas revelan claramente su afinidad de estilo con el arte regional de las dos vertientes pirenaicas que se desarrolló en los s. X-XII. Los elementos arquitectónicos de estas ilustraciones se atienen a formas y tipos árabes, mientras que las figuras muestran influencia céltica o merovingia. Es de notar el contraste entre la estilización de algunos personajes celestes (p. ej., los ángeles) y el realismo de otras figuras. Las conexiones de estas ilustraciones con el arte carolingio, así como algunos detalles especiales en el uso de la perspectiva, dan a estos códices una particular importancia desde el punto de vista de la historia del arte.
      J. Pérez de Urbel atribuye a B. el himno O dei verbum patris ore (cfr. C. Blume, Analecta Hymnica Medii Aevi, 27, Leipzig 1897, 186-188), compuesto bajo Mauregato, rey de Asturias (entre los años 783 y 788). B. creía que la segunda venida de Jesucristo tendría lugar en el año 800. Murió, según parece, antes de esa fecha; su muerte suele colocarse en 798. Alcuino de York llama a B. «hombre docto, santo tanto por su vida, como por su nombre». En España es venerado - como santo y su fiesta se celebra el 19 de febrero.
     
BIBL. : Adversus Elipandum, PL 96, 893-1030; Comentario al Apocalipsis, ed. crítica de H. A. SANDERS, en Papers and Monographs o! the American Academy of Rome, VIl, Roma 1930 ; Acta Sant, feb. 111, 146 ss. ; M. MENÉNDEZ PELAYO, Historia de los Heterodoxos españoles, 2 ed. Madrid 1917, II, 282-295; J. PÉREZ DE URBEL, DHGE 7, 89 ss. ; ÍD, «Arbor» 24 (1953) 501-525; M. C. DÍAZ Y DÍAZ, lndex Scriptorum Latinorum Medii Aevi Hispanorum, Madrid 1959, no 4!2 y 413; W. NEUSS, Die Apokalypse des heiligen lohannes in der altspanischen und altchristlichen Bibellllustration, Münster 1931; M. DEL ALAMO, Los Comentarios del Beato de Liébana al Apocalipsis y Elipando, en «Miscellanea Mercati» II (1946) 16-33.

ALEJANDRO OLIVAR.

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