domingo, 28 de diciembre de 2014

DICHOSOS LOS QUE SUFREN

DICHOSOS LOS QUE SUFREN,
PORQUE ESOS VAN A RECIBIR EL CONSUELO
 
"Los que sufren" es una expresión tomada del capítulo 61 de Isaías, como la primera bienaventuranza. En este pasaje de Isaías viene una preciosa frase, que se repite en otros evangelios también, en la que dice "El espíritu de Dios está sobre mí". He venido "entre otras cosas" a consolar a los que sufren, he venido a dar "la Buena Noticia a los pobres". La primera bienaventuranza corresponde a la Buena Noticia a los pobres. Que los pobres ya van a ser dichosos porque ésa pertenecía al reinado de Dios va a suprimir todas las connotaciones negativas de la pobreza, que son la miseria y la dependencia. No hay miseria ni dependencia para los que son pobres por decisión. Se crea una sociedad nueva, donde esa comunión, esa solidaridad, ese poner en común las cosas, hace que nadie pase necesidad y nadie sea dependiente.
 Pues también esta frase está tomada del mismo profeta y así se ve muy bien lo que significa. En Isaías se trata de Sión, es decir, de Israel aunque, naturalmente, en las Bienaventuranzas eso queda universalizado y ya no se trata del pueblo de Israel, sino de la humanidad entera. Allí, lo que sufre Israel es la opresión: "Cambiaré su luto en fiesta...". El luto es la opresión: Israel está sometido, está subyugado por otros pueblos mayores que él, y dentro de Israel existe una enorme injusticia. Hay una clase poderosa, rica, y hay un proletariado (digamos en términos modernos) pobrísimo, miserable. Pues esto es lo que va a cambiar. Estos son los que sufren, los que sufren la opresión. Se trata de la opresión, según el texto de Isaías donde se inspira la bienaventuranza.
 De manera que aquí tenemos que los oprimidos van a ser dichosos. ¿Por qué? Porque van a encontrar el consuelo. Ese sufrimiento va a ser aliviado, consolado, suprimido. ¿Cómo es posible? Lo mismo las dos bienaventuranzas que siguen, que también reflejan situaciones negativas, los sometidos y los que tienen hambre y sed de justicia. ¿Cómo se va a realizar eso? ¿Es que Dios va a venir al mundo a cambiar la situación social? Ya dijimos que el reinado de Dios es una sociedad alternativa diferente, una sociedad propia del hombre, una sociedad donde los hombres son solidarios, son iguales, son libres, son hermanos bajo un mismo Padre. ¿Cómo se va a hacer eso?.
 Como ya hemos visto, estas bienaventuranzas están en futuro, mientras la primera está en presente. La primera constituye la comunidad cristiana, que es el Reinado de Dios, el lugar donde Dios reina y, una vez que existe esa comunidad cristiana, empieza el proceso liberador de la Humanidad, que es de lo que se trata. Y la liberación es hacer que la gente pase de un estado negativo, que es el estado de opresión, de la falta de libertad, de la injusticia, a un estado positivo donde exista la libertad, la autonomía, ¡ajusticia, el amor, la solidaridad, etc. Por tanto, lo que está diciendo el evangelista es que el hecho de que empiece a existir por la opción de la primera bienaventuranza ese grupo humano, donde esos valores ya no son realidad, eso permitirá que la gente pueda encontrar el lugar donde pueda evitarse la situación de injusticia. Es decir, al formarse la comunidad cristiana, se crea el espacio donde se puede vivir así, y eso está al alcance de todo el que quiera entrar. Los que estaban oprimidos, los que sufrían ese dolor, pueden encontrar ahí su consuelo. Y es un dolor enorme, pues el verbo que usa Mateo es el que se usa para el luto por la muerte de un pariente. Ese verbo, en griego, significa un dolor interno, que es tan grande que tiene que manifestarse al exterior. Por eso se usa también cuando se trate de un duelo. En Oriente, en los entierros, hay gritos, exclamaciones, e, incluso, se contratan plañideras para que griten. La misma familia expresa su dolor con gritos. Y esto ocurre también en otros lugares, en Sicilia, y quizá también en nuestro propio país. Lo normal del luto es el grito, porque es un dolor tan profundo que no se puede contener. Y este verbo se aplica al luto, pero también a otras muchas situaciones, entre ellas a la opresión. Es una opresión tan fuerte que provoca el lamento, porque la gente no puede contenerse ante la situación que vive. Eso es lo que describe Mateo.
 Pues bien, ahora existe la posibilidad de salir de ahí, porque se ha creado el espacio donde eso es posible. La comunidad cristiana es el espacio donde ésos pueden encontrar el consuelo que necesitan, donde se acaba la opresión. De manera que, a medida que las comunidades cristianas van creando ese ambiente de solidaridad, de compartir, de la igualdad, etc., la gente que estaba oprimida deja de sufrir, porque ya no está oprimida, se ha liberado. La opresión está causada por un sistema económico‑ político, y esa gente se sale de ese sistema para entrar en otro. En vez del sistema del dominio, está el sistema de la igualdad; en vez del sistema de la acumulación del dinero, está el sistema del repartir, de la igualdad económica. Por tanto, es la existencia de la comunidad cristiana la que da origen al proceso de liberación ‑según el pensamiento de Jesús‑ porque crea un espacio, un modelo de sociedad, donde la gente puede integrarse y salir así del modelo injusto. Y, para ello, se necesitan dos cosas: Que la gente lo conozca y que la alternativa exista. De modo que no basta que nosotros vayamos predicando este mensaje, diciendo que hay otra posibilidad, sino que es que tiene que verse la posibilidad. Tiene que verse, tienen que existir los grupos para que haya un lugar donde uno pueda estar.
 Por tanto, los grupos tienen que existir, y existen en virtud de 1a primera opción y, ahora, una vez que existen, tienen que anunciarlo como Jesús lo anunciaba. No imponer, no convencer, sino anunciar: "¡Señores, hay otra posibilidad, y aquí está a la vista. Venid y lo veréis!" Y empieza el proceso liberador del hombre. De manera que no se trata de milagros, sino de la extensión de las comunidades cristianas, porque ya se ve que es posible. Si nosotros anunciamos esto sólo teóricamente, nos dirán que es una utopía, que es precioso, pero que no se puede llevar a cabo. Por eso, Jesús quiere que lo hagamos hoy; la utopía realizada hoy. En pequeños grupos, como ya lo dice él con el "grano de mostaza", que apenas si se ve, pero que va creciendo hasta hacerse un arbolito. Ya sabe él muy bien que siendo, además, una opción libre, no van a ser muchos los que empiecen, sabe muy bien que eso no va a ser nunca el árbol que cubra el universo entero o, por lo menos, no lo describe así. Dice que se hará un arbolito que subirá por encima de las alcachofas, de los tomates y de las demás hortalizas del huerto. Pero que se verá. Y dice: "Y allí pueden venir a poner su nido todos los pájaros del cielo". Esto está tomado de la profecía de Ezequiel, y los pájaros significan los paganos. Estos vendrán porque encontrarán aquí ese ideal de libertad y de justicia.
 De manera que no basta con anunciarlo. Jesús no es un filósofo teórico; es de lo más pragmático del mundo. Por eso dice: "Mirad, aquí hay una utopía global: que la Humanidad viva así. Y, como eso es libre, vamos a empezar por la ectopía parcial, la utopía míteima". Esta, hoy. La otra, no sabemos cuándo, pero ésta desde hoy. Hay que empezar a crear el granito de mostaza. Porque eso es también como "la levadura", de que habla Mateo en otra parábola. Dice: hay que ver lo poquito que es la levadura al lado de la masa de harina y, sin embargo, toda la masa de harina acaba por fermentar. Lo cual no quiere decir que toda la harina se convierta en levadura, pero sí que cambia la harina. Es muy difícil precisar lo que el Señor prevé para e1 futuro, para un mundo futuro, pero lo que se ve en esta parábola significa, no que la humanidad va a ser toda cristiana explícitamente, sino que la situación de toda la humanidad va a cambiar gracias a la existencia de estos grupos cristianos.
 De manera que el influjo de la comunidad cristiana no consiste sólo en hacer que la gente entre en la comunidad, sino que va mucho más allá a conseguir que la sociedad que está alrededor vaya cambiando de principios, mejorando la situación general, porque existen estos grupos que son como testimonios, como levadura que va influyendo en la sociedad. Y, de hecho, muchos de los grandes principios evangélicos han pasado a ser principios sociales. Consideremos, por ejemplo, la opción de Marx por una sociedad de compartir, que es el socialismo. Aparte de las otras muchas cosas que dijo Marx, de la otra filosofía, de los otros mitos que creó, etc., en los que no entramos, su intuición de que la sociedad justa está en el compartir es totalmente evangélica. Y se ha hecho política o socio‑política. La intuición de los anarquistas de hoy ‑como Bakunin y compañía‑ de que el poder, es decir, el dominio del hombre sobre el hombre, es lo que impide el desarrollo del hombre, es evangélica. Eso lo dice Jesús bien claro. O, sea que grandes principios evangélicos han pasado a ser patrimonio de ideologías no evangélicas, no cristianas. Esta es la levadura, aquí esta la levadura. O sea, el Evangelio tiene una potencia que sobrepasa los límites de la comunidad cristiana, y eso se seculariza. Y ¡bendito sea Dios! que se seculariza porque lo que nos interesa es el bien de la humanidad, no el prestigio de la comunidad. El señor no buscó su prestigio, y nosotros tampoco. Los cristianos tampoco. Lo que nos interesa es el bien del hombre y que el Evangelio penetre como sea. Con la etiqueta o sin ella, pero que penetre, por que eso es el fermento que va a cambiar a la humanidad.
 De manera que la idea de Jesús es que esa pequeña utopía se realice para que se vea que es posible, para que se cree un espacio donde Dios reine en el mundo, y desde ahí salga una actividad de proclamación, una actividad de testimonio, que va a ir cambiando la situación de la humanidad, en el sentido de que los oprimidos, los que sufren, van a encontrar el consuelo. Se acabó la opresión. Este es el mensaje de la segunda bienaventuranza.
(Juan J. Mateos)

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