jueves, 25 de diciembre de 2014

UN DIOS LLENO DE TERNURA Y SENTIMIENTO

SIN FE NO SE PUEDE HACER NADA...
Jesús ante la falta de fe de sus paisanos queda impotente para actuar: "No le fue posible de ningún modo actuar allí con fuerza..." Y estaba sorprendido de su falta de fe (Mc 6, 5-6). "Tu fe te ha salvado" (Mc 6, 5-6): Aunque la salvación procede de Jesús, ha sido eficaz gracias a la respuesta positiva de la persona. Cuando la mujer con flujos toca el borde del manto de Jesús, mostrando su confianza y adhesión a él, se siente curada, Jesús nota la fuerza de vida ("Espíritu") que ha salido de él y que ha sido el agente de la curación (Mc 5, 24-34). "¡ Padre !, todo es posible para tí; aparta de mí este trago; pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú" (Mc 14,36): Ante el fracaso de su misión con el pueblo judío, Jesús desearía una intervención divina de poder que cambiase la situación y salvara a los judíos, aun en contra de su voluntad, evitando también su propio fracaso y el consiguiente "descrédito" del verdadero Dios. Sin embargo, desde el principio, acepta lo que el Padre decida, pero no hay respuesta del Padre, Jesús comprende que no cabe un plan diferente (Mc 14, 41-42), pues sabe que el amor es impotente ante el rechazo. Actuar con un "golpe de fuerza" sería imposible para el Padre; iría contra su mismo ser y contra el de Jesús. No hay en Dios un poder independiente del amor, y este espera respuesta, y no puede forzar la libertad de los hombres. Cuando fueron a prender a Jesús y un discípulo pretendió defenderlo con las armas, él le dijo: "¿Piensas que no puedo acudir a mi Padre? El pondría a mi lado ahora mismo más de doce legiones de ángeles. Pero ¿cómo se cumpliría entonces la Escritura, que dice que eso tiene que pasar?" (Mt 26,53). Jesús opone al cumplimiento de la Escritura la posible petición al Padre. Esta última supondría adoptar la línea de violencia comenzada por el discípulo. Para cumplir el designio del Padre, expresado en la Escritura, que es la salvación de la humanidad, solo hay un camino, el del amor y ante él no cuentan ni el fracaso, la ignominia ni la muerte. Sólo la entrega de Jesús hasta la muerte podía revelar al auténtico Dios, el amor sin límite, el que responde con amor incluso al odio.
LA "DEBILIDAD" DEL AMOR NOS RESULTA INCOMPRENSIBLE...
La manifestación de la calidad de ese amor es el único medio para dar a la humanidad la posibilidad de una respuesta que será su salvación. La "debilidad" del Dios-amor ante el rechazo de los hombres resulta incomprensible y escandaliza a todos los adversarios de Jesús. Era difícil de aceptar esa debilidad para los judíos educados en la idea de un "Todopoderoso". Pablo constata el mismo escándalo escribiendo a los corintios: "Mientras los judíos piden "señales" y los griegos buscan "saber", nosotros predicamos un Mesías crucificado, para los judíos un escándalo, para los paganos una locura..., porque la locura de Dios es más sabia que los hombres, y la debilidad de Dios más potente que los hombres" (1 Cor 22-25). El amor es la fuerza de la vida, es omnipotente, pero solo actúa si es aceptado. Un Dios-amor no puede ser responsable de los males de la humanidad. Muchos de ellos, de manera más o menos directa, son responsabilidad de los hombres, que no son capaces de responder a ese amor; otros se deben a catástrofes naturales que podrían tener su origen en el desequilibrio del hombre con la naturaleza y también en las fuerzas difíciles de controlar que se desatan por el proceso mismo de la vida. Dios es vida incluso en situaciones de muerte, en la fuerza y en la omnipotencia de Dios es donde está precisamente su "debilidad".
UN DIOS LLENO DE TERNURA Y SENTIMIENTO...
Si Dios es amor, no es posible que permanezca indiferente ante la suerte de los hombres y de aquellas situaciones humanas que se oponen al amor. El mal que sufren los hombres tienen que afectarle. Los evangelistas nos cuentan las reacciones de Jesús ante determinadas situaciones humanas: Jesús se conmueve ante la marginación de los considerados "impuros". Con su actuación niega que pueda utilizarse el nombre de Dios para marginar a ningún ser humano y tiende a suprimir todo estado de marginación impuesto por la sociedad religiosa o civil (Mc 1, 39-45). A la vista de las multitudes Jesús "se conmovió, porque andaban maltrechas y derrengadas como ovejas sin pastor" (Mt 9,36). Envía a los Doce "a las ovejas descarriadas de Israel" (Mt 10,6), con la misión de liberarlas. La pobreza de las multitudes hambrientas que le siguen (Mc 6,34s; 8,2) conmueve a Jesús, en contraste con la insensibilidad de sus discípulos (Mc 6,36; 8,4). Les enseña a compartir lo que tienen (Mc 6, 37-44; 8, 5-9), para que comprendan que solo a través de la solidaridad podrán los indigentes liberarse de la opresión económica que sufren. El muchacho epiléptico (Mc 9,14-29) le pide que se conmueva de su situación y Jesús ejerce su actividad liberadora, de la que habían sido incapaces los discípulos y cura al muchacho. Jesús es "tierno" y esa ternura es la propia de un Dios-amor, vemos en la parábola del hijo pródigo (Lc 15,11-32), la reacción del padre, figura de Dios, ante la vuelta de su hijo: "Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y se conmovió; salió corriendo, se le echó al cuello y lo cubrió de besos". Mateo narra cómo el rey, figura de Dios, perdona la impagable deuda, mostrando que es sensible a la tragedia humana aunque esta haya sido provocada por las culpas del propio hombre. La ternura del Dios-amor debe ser también la característica de todo hombre (Mt 18, 23-34).Dios hace suya la causa de los pobres y sale en su defensa (1). Jesús define en la sinagoga de Nazaret cual es su misión : "El Espíritu del Señor descansa sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a dar la buena noticia a los pobres, a proclamar la libertad a los cautivos y dar la vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar el año favorable del Señor" (2). Jesús se pone al lado de los despreciados por la sociedad: marginados, descreídos y gentes de mala fama (3); rescata con ternura a los que yerran (Mt 18, 12-14) y ofrece a los oprimidos un camino de liberación (Mc 5, 2-20). Su solidaridad con los parias de la tierra llega hasta el punto de hacer suya su causa: "cada vez que lo hicisteis con uno de estos hermanos míos tan insignificantes, lo hicisteis conmigo" (Mt 25,40); desde los marginados sociales y religiosos apela Jesús a la solidaridad humana para que termine la injusticia. Su muerte en cruz, como si fuera un criminal, lo identifica con todos los inocentes, víctimas de los poderes opresores.
UN DIOS COMPROMETIDO CON LOS HOMBRES...
Dios no puede contemplar impasible la historia de la humanidad sin participar ni comprometerse con ella; Dios no es un ser estático. Dios es "Espíritu" (espíritu era sinónimo de fuerza impulsora, dinámica, invisible, de viento, de fuerza activa), tiene un dinamismo de amor y vida en constante actividad. La obra inicial de ese dinamismo es la creación y Dios acompaña a esa creación a lo largo de su historia impulsándola hacia la plenitud que es la culminación de su proyecto creador. Ese dinamismo se expresa en la idea del reinado de Dios, la realización del hombre nuevo, cuya tarea debe ser: realizarse él como individuo y la creación de una sociedad nueva que permita el pleno desarrollo humano. Ese aspecto individual (su realización personal) es condición indispensable para la transformación social posterior. Para hacer realidad esto Jesús exhorta a cambiar de vida (Mc 1,15), si los hombres se cierran a esta exhortación se bloquea la realización del proyecto. Al mismo tiempo también exhorta a mantener viva la esperanza en la utopía final : "tened fe en esa buena noticia" (Mc 1,15), se trata de un largo proceso.

Notas:
(1) Ex 3,7-10; Dt 10,18 Sal 10,17s; 35,10; 82, 1-4; Is 1,17; Jr 21,11s
(2) Lc 4,16-21 aplicando el texto de Is 61, 1-2.
(3) Mc 2,15-17; Lc 15; 19,1-9.

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