sábado, 10 de enero de 2015

LA ENTELEQUIA DE LOS DERECHOS HUMANOS.



El 10 de diciembre de 1948 cuarenta y ocho países miembros de Naciones Unidas votaron en París a favor de una Declaración Universal que protegiera los derechos del hombre. Ya saben, la libertad, la justicia y todas esas cosas que quedan tan majas sobre el papel. Son treinta artículos muy bonitos, con su preámbulo y todo. Treinta artículos que el país que quiere los cumple y el que no, pues no pasa nada. 
Nos vamos más de seis décadas atrás, cuando Naciones Unidas creó en 1946 una Comisión de Derechos Humanos a la que pidió que pusiera sobre el papel en qué consistían las libertades fundamentales. Presidió aquella comisión formada por ocho países Eleanor Roosevelt, y se lo tomaron con calma, porque tardaron dos años en decidir nuestros derechos inalienables. Y conste que eso que nos hace tanta gracia cada vez que alguien dice aquello de «persona humana», está puesto tal que así en la Declaración de Derechos Humanos. Dos años discutiendo para declarar que las personas son humanas. 
La Declaración Universal salió adelante porque votaron a favor cuarenta y ocho países miembros, pero ocho se abstuvieron y otros dos decidieron directamente no ir a votar tonterías que no pensaban cumplir. ¿Dónde está la trampa de esta enternecedora Declaración de Derechos Humanos? Pues en que no es un documento de obligado cumplimiento. Lo dicho, quien quiere los respeta y quien no, pues se los salta a la torera. Ahí tienen a las mil doscientas personas ejecutadas en 2007 por países miembros de la ONU. Ahí están las mujeres lapidadas por países miembros de la ONU.Y ahí están también ochocientos cincuenta y cuatro millones de personas torturadas por el hambre en países miembros de la ONU. 
La Declaración Universal de los Derechos Humanos es el texto traducido a más idiomas del mundo. Está en trescientas treinta y siete lenguas, pero muchos aún no lo han entendido. 

NIEVES CONCOSTRINA.
 

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