sábado, 26 de septiembre de 2015

DEMOCRISTIANOS, PARTIDOS


Concepto y notas. Los p. d. son una modalidad de partidos políticos, aparecidos en diversos países del mundo a partir de la segunda mitad del s. xix, que, a pesar de su diversidad espacial y temporal, se pueden especificar, como su mismo nombre indica, por su adhesión a los principios cristianos y su orientación democrática.
     
      En la actualidad se puede decir que se ha producido la identificación, sobre todo en el uso corriente, de la expresión p. d. con el término democracia cristiana. Sin embargo, la democracia cristiana fue concebida como un movimiento amplio que buscaba establecer una nueva ordenación social general y no sólo política, como lo demuestra la noción de ella recogida en la enc. Graves de communi, de León XIII, de 18 en. 1901 (Cfr. Doctrina pontifica. Documentos sociales, Madrid, BAC 1959, n° 6,425).
     
      Las diferencias de los p. d. según los países y la época a que corresponden hace difícil precisar sus rasgos o notas comunes, además de los caracteres especificativos señalados. Sin embargo, parece posible señalar como notas muy generales una preocupación popular y social más o menos intensa, según los periodos, y una cierta posición política intermedia, centrista.
     
      Los partidos democristianos en Europa. El nacimiento de los p. d. tuvo lugar en Europa en la época citada en la definición y en su génesis y evolución se pueden distinguir, con M. P. Fogarty (o. c. en bibl.), tres periodos.
     
      El primero, de 1820 a 1880, tiene carácter más bien preparatorio, ya que, en general, los movimientos políticocristianos que se produjeron en él, no cuajaron en partidos políticos independientes, si bien entonces se realizó la transformación ideológica, que sirvió de cimiento a la formación de partidos de este tipo en el periodo posterior, y que Fogarty caracteriza en una aceptación básica de las técnicas del liberalismo democrático y una repulsa de sus métodos de acción, especialmente en los que afectaban a su posición en relación a las Iglesias.
     
      En el segundo periodo, 1880, a finales de la 11 Guerra mundial, tiene lugar la aparición y el funcionamiento en la escena política de partidos independientes, formalmente organizados, en Alemania (el famoso Centro), Holanda, Bélgica y Suiza (informal) los cuales, si bien no alcanzan en este periodo una posición predominante, sí constituyen fuerzas políticas importantes en el Parlamento y capaces incluso de formar gobierno, como en el caso de Bélgica y Holanda. En este periodo, los p. d. de estos países se pueden caracterizar por un sentido social menos acusado y por su preocupación por defender los intereses de sus Iglesias respectivas. La creación de p. d. en Francia, Italia y Austria, dada la posición monárquica y tradicionalista de los católicos en Francia y Austria, y la prohibición papal a aquéllos en Italia de intervenir en la política nacional a causa de la cuestión romana, no se produjo hasta ya iniciado el s. xx.
     
      Es en el tercer periodo, a partir de la II Guerra mundial, cuando tiene lugar el gran desarrollo de los p. d. en Europa Occidental. En Italia, la Democracia Cristiana, en Alemania la Unión Cristiana Demócrata (interconfesional), en Bélgica, el Partido Social Cristiano (católico) y, en Holanda, la coalición del Partido Popular (católico), y el Partido Antirrevolucionario y la Unión Cristiana Histórica (protestantes) tienen o han tenido durante largo tiempo mayoría, a veces absoluta, en sus Parlamentos y han gobernado o gobiernan solos o en colaboración con otros partidos. También han sido partidos mayoritarios en las Cámaras de Austria y Luxemburgo el Partido Popular austriaco y el Partido Social Cristiano, respectivamente. En cuanto a Francia, el MRP (Movimiento Popular Republicano) con sólo alrededor del 12% de puestos en el Parlamento ocupó, antes del periodo gaullista, una posición política clave con participación en todos los gobiernos, como igualmente ha sucedido con el Partido Conservador Popular de Suiza (católico) a pesar de tener sólo el 25% de diputados del Consejo Federal suizo. Los p. d. de este periodo presentan, en relación a los del anterior, una orientación social más acentuada y un carácter más laical y menos confesional.
     
      Los partidos democristianos en España e Iberoamérica. En España, el único p. d. que ha existido hasta al -t e,, la CEDA (Confederación Española de Derechas A,ttónomas). A pesar de su corta vida, 1931-36, consiguió en las elecciones de 1933 una numerosa fracción parlamentaria y jugó un papel importante en la política y los gobiernos de entonces, hasta las elecciones de 1936. Después de la Guerra civil, la supresión de los partidos políticos ha impedido su resurgimiento o la aparición de otro nuevo partido de este tipo.
     
      La floración de los p. d. en Iberoamérica sólo tuvo lugar, aunque existieron algunos intentos anteriores, después de la II Guerra mundial y especialmente en la década 1950-60. Estos partidos han tenido o tienen una representación parlamentaria numerosa en Venezuela, Chile, Perú, Brasil y Uruguay, con participación en los gobiernos. En otros países, como Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, etc., han existido o existen aún p. d. organizados.
     
      Un rasgo interesante de este movimiento político iberoamericano es su éxito en alguna época y países dentro de la juventud. Su orientación es similar a la de los p. d. europeos. También destaca en ellos su posición centrista y su papel de «tercera vía». Según J. L. Decamili (o. c. en bibl. 19) «la democracia cristiana ha venido a romper la igualmente inhumana disyuntiva que se planteaba hasta hace pocos años de tener que elegir entre la oligarquía conservadora (...) y el comunismo como fuerza propiciadora del cambio». Por último, hay que señalar la agrupación continental de los p. d. hispanoamericanos en la llamada Organización Demócrata Cristiana de América, que forma parte de la también existente Unión Mundial de la Democracia Cristiana.
     
      Juicio y valoración. En primer lugar se suele admitir que los p. d. en general tuvieron históricamente su motivación y razón de ser. El arraigo en Europa de la forma democrática moderna en el s. xix, la oposición a la religión de los grupos entonces dominantes, la difusión de una preocupación social y política en el laicado católico y la necesidad de estar presentes en el campo político fueron, sin duda, los factores más importantes que determinaron la agrupación de los cristianos en partidos políticos propios e independientes.
     
      El establecimiento de los p. d. significó un momento importante en la compleja situación política del s. xix, en la que algunos cristianos tendían 'a vincular el catolicismo a las instituciones monárquicas, y diversos dirigentes republicanos y liberales se inspiraban en ideologías sectarias e irreligiosas. Los p. d. contribuyen eficazmente a promover la presencia de los cristianos en las instituciones políticas recién surgidas y a dar origen a una situación en la que la libertad religiosa resulta defendida no exclusivamente por la vía de acuerdos entre las supremas potestades religiosa y civil, sino también por la de actuación de ciudadanos en defensa y ejercicio de sus legítimos derechos.
     
      Por lo que respecta a la etapa posterior a la II Guerra mundial, es preciso reconocer, con Juan Gomis (o. c. en bibl. 84), que el apoyo masivo de los cristianos a la democracia, manifestado en el extraordinario auge de los p. d., representó una aportación importantísima a dicha institución. Concretando más, «la aportación esencial, a juicio de Duverger (o. c. en bibl. 354), de los partidos demócratas (cristianos) ha sido la de dar al centro derecha una configuración más nueva, una apertura mayor ante los problemas del s. xx. Como tales, corresponden a este neocápitalismo que caracteriza a la Europa de nuestros días. Lo cual implica también su apertura hacia un socialismo que ha llegado a ser centrista».
     
      No han faltado sin embargo críticas, entre las que descuellan las que señalan que los p. d. implican un peligro de confusión entre cristianismo y política y de restringir la libertad de opción política de los cristianos, forzando su unión en un solo grupo. De hecho, algunos p. d. surgidos en el s. xix lo hacen como reacción frente a políticas laicistas y, por tanto, agrupando a los católicos (o a todos los cristianos en general) en defensa de sus derechos religiosos. Su desarrollo posterior, la labor cultural de sus pensadores y dirigentes y el cambio de las circunstancias les ha dado una orientación menos coyuntural y, por tanto, más políticamente definida. La legítima pluralidad de opciones políticas entre los católicos, afirmada repetidas veces por el magisterio pontificio, ha sido especialmente subrayada por Paulo VI en la carta Octogesima adveniens. Los p. d. son, en suma, una posible opción para un cristiano, pero no la única.
     
     
BIBL.: M. P. FOGARTY, Historia e ideología de la democracia cristiana, Madrid 1964 (fundamental en la materia); J. Gomis, Examen de la democracia cristiana, Barcelona 1964; M. VAUSSARD y oTRos, Histoire de la Démocratie chrétienne, París 1956; J. L. DECAMILI y OTROS, La democracia cristiana ante el futuro de Hispanoamérica, Berlín 1968; J. ROVAN, El catolicismo político en Alemania. Historia de la democracia cristiana, Madrid 1964; J. K. ZEENDERS, Political parties, Catholic, en New Catholic Encyclopedia, XI, Washington 1967; F. FONZi, Democrazia cristiana, en Enciclopedia Cattolica, IV, Vaticano 1950; M. DUVERGER, Sociología política, Madrid 1968.

R. SIERRA BRAVO.
Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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