martes, 26 de marzo de 2013

EL CULTO AL EMPERADOR.

 Estatua del emperador Augusto llamada de Prima Porta. Roma, Museos Vaticanos.

Estatua del emperador Augusto llamada de Prima Porta. Roma. Museos Vaticanos.

El poeta romano Ovidio nos cuenta en su libro Metamorfosis, escrito en la primera década del siglo I e.c., cómo César se metamorfoseó en estrella y dios. Por eso su hijo adoptivo, Augusto, que gobernaba en ese momento, podía decir que era hijo de dios. De esta forma se fue estableciendo el culto a los emperadores:

«Pero mientras Esculapio no es más que un extranjero que ha encontrado un lugar entre nuestros santuarios, César es dios en su propia ciudad [...] y debe su metamorfosis a su hijo. Porque de entre todo lo hecho por César nada ha sido más glorioso que ser el padre de tal hijo [...]. César, tras dejar a buen recaudo el imperio, fue colocado entre las estrellas ya que, apenas hubo muerto, Venus, invisible para todos, bajó y tomó el alma del cuerpo para llevarla al alto cielo, donde se convertiría en estrella [...] y desde lo alto del cielo, César, viendo las hazañas de su hijo, reconoce que le supera y se regocija al verse vencido [...] porque también Saturno es menos grande que su hijo Júpiter. Júpiter es el soberano de las altas moradas celestes [...] del mismo modo la tierra se halla sometida al poder de Augusto. Ambos son padres y jefes de su imperio.»
El ensalzamiento de Augusto y otros emperadores se produjo por influencia de los faraones egipcios, ya que es tras la conquista de Egipto cuando se instaura en Roma el culto imperial. También ocurrió en algunas monarquías helenísticas, que consideraban dioses a los reyes y que cayeron progresivamente bajo el poder de Roma.

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