viernes, 2 de agosto de 2013

San Andreas.

SAN ANDRÉS DE CRETA



San Andrés de Creta, algunas veces llamado Andreas en biografías en inglés, teólogo, homilista, compositor de himnos. Nació en Damasco aproximadamente hacia la mitad del siglo VII, murió el 4 de julio de 740 (o 720), día en el cual se celebra su fiesta en la Iglesia Griega. A la edad de quince años se dirigió a Jerusalén, entró a un monasterio, fue inscrito entre los clérigos de Teodoro, Obispo de Jerusalén (por esa razón es comúnmente llamado Andrés de Jerusalén) alcanzó alguna distinción, y finalmente fue enviado por Teodoro en 685 a felicitar al Emperador, Constantino Pogonato, en la celebración del Sexto Concilio General. Cumplida su encomienda, permaneció en Constantinopla, recibió el diaconato, se distinguió de nuevo y finalmente fue nombrado a la sede metropolitana de Gortina, en Creta.
Al principio se opuso a la herejía del monotelismo, sin embargo asistió al conciliábulo de 712, en el cual se abolieron los decretos del Concilio, pero al siguiente año rectificó, y de ahí en adelante se ocupó en funciones más dignas, predicar, componer himnos, etc. Como predicador, sus veintidós discursos publicados y veintiuno sin publicar, repletos de doctrina, historia, unción, citas bíblicas, imaginación poética, fraseología dignificada y armoniosa, y retóricamente divididos de forma clara y precisa, justifican señalarlo entre los oradores eclesiásticos de primera categoría de la época bizantina. Una lista de cuarenta de sus discursos, junto con veintiún sermones editados se hallan en P.G., XCVII, 801-1304. Su sermón sobre Jacobo, "hermano del Señor", fue publicado en 1891, aumentando a veintidós el total de sus discursos publicados. Sin embargo, nos interesa principalmente como compositor de himnos, no tanto por la gran cantidad, la variedad temática o por la controvertible excelencia de su trabajo, sino debido a que se le atribuye la invención (o por lo menos la introducción en los servicios litúrgicos griegos) del canon, una nueva forma de himnodia de la cual no tenemos referencia antes de su tiempo. Mientras que puede ser realmente “el supremo producto musical de la himnodia griega” (como lo llama el Rev. H.L. Bennett), sus efectos, sin duda imprevistos por su inventor, no fueron completamente satisfactorios, a medida que suplantó gradualmente las formas de himnodia en uso en el Tropologion (libro de oraciones griego). Mientras que Andrés implantó el uso de la nueva forma y fue celosamente cultivada por los grandes himnógrafos griegos, él mismo no alcanzó un alto grado de excelencia en los muchos cánones que compuso, ya que su estilo era desapacible, difuso y monótono, en la opinión de los himnólogos modernos. Por otro lado, aquellos que tomaron su invención como modelo para sus composiciones no les faltó elogios afectuosos. Ellos lo llaman la "estrella radiante", el "sol esplendoroso"; para ellos su estilo es elevado de pensamiento, puro de forma, dulce y armonioso en la dicción. Así también, mientras que su “canon griego”, cuya inmensa extensión de 250 estrofas se convirtió en un proverbio para los griegos, ha sido criticado por su extensión, sus sutilezas, sus comparaciones forzadas, aún recibe el tributo de su completa recitación el jueves de la quinta semana (para nosotros, la cuarta) de Cuaresma, y las cuatro partes en las cuales está dividida son severamente asignadas a los primeros cuatro días de la primera semana.
Sus trabajos himnográficos fueron realmente inmensos, si le vamos a acreditar todo lo que se le atribuye. Se le asignan nueve cánones en el "Theotocarion" del monje Nicodemo. De éstos, sin embargo, seis están en forma acróstica regular, un recurso literario (o quizás mnemónico) completamente ajeno a sus composiciones autenticadas. Las tres restantes tienen demasiada regularidad en ritmo como para serle justamente atribuidas a él, ya que su trabajo no se conforma completamente a las inducciones rítmicas elaboradas propuestas por el Cardenal Pitra como reglas para el canon. Aquí se puede decir, a manera de paréntesis, que un canon, según impreso en los libros litúrgicos es, por razones económicas, tan condensado en su forma que sus unidades poéticas, la troparia o estrofas, aparecen como párrafos en prosa ordinarios. Estas troparia, sin embargo, se someten al análisis, y se ve que consisten de cláusulas o frases separadas por cesuras. Algunos himnólogos las ven como ilustraciones meramente de prosa modulada; pero el Cardenal Pitra considera las cláusulas como verdaderamente métricas, y descubre dieciséis reglas de manejo prosódico. La cantidad prosódica de sílabas parece ser pasada por alto (un rasgo de la evolución de los himnos latinos también), a pesar de que el número de sílabas es generalmente igual, mientras que el acento juega una parte importante en el ritmo.
Estas troparia se transforman en una oda, siendo el primer troparion un hirmus, una estrofa que se convierte en un símbolo para los siguientes respecto a la melodía, tono (o modo) y estructura rítmica. Las odas, en cambio, se convierten a canones, y usualmente son en número de ocho, (teóricamente nueve, usualmente se omite la segunda, a pesar de que la numeración permanece inalterada). Un himno de dos odas es llamado un diodion; de tres, un triodion (la forma común para los oficios de Cuaresma, de ahí el nombre de "Triodion" por el Libro de Oficio Cuaresmal). El hirmus, un troparion que indica el tono o modo griego, que entonces prevalece a través del canon, puede ser tomado prestado por un canon diferente si este es en el mismo tono. Debe añadirse que los tonos griegos no corresponden con los latinos en sus octavas. Algunas de las odas de San Andrés tienen más de un hirmus; así, en el canon griego las segunda y tercera odas tienen cada una dos; el Canon Largo(180 estrofas) en honor a San Simeón y Ana la Profetisa, tiene tres en el primero, segundo, tercero, sexto y octavo; dos en la quinta, séptima y novena; y cuatro en la cuarta. . En total, el trabajo suficientemente auténtico de San Andrés provee no menos de ciento once hirmi: una fertilidad más allá de cualquier otro himnógrafo. Volviendo al canon, además de los nueve ya citados como erróneamente atribuidos él, otros quince, todavía inéditos, se le atribuyen a él muy precipitadamente. Dejado todo esto a un lado, sin embargo, tenemos lo siguiente en el primer tono: (a) sobre la resurrección de Lázaro, todavía se canta el viernes antes del Domingo de Ramos, en el apodeipnon (el servicio después de la cena, correspondiente a nuestras Completas); (b) Concepción de Santa Ana (9 de diciembre); (c) los mártires Macabeos (1 de agosto); (d) San Ignacio de Antioquía (2 de diciembre). Los títulos añadidos servirán para indicar la variedad de temas. Además de estos, otros diez cánones y cuatro triodia ilustran su trabajo en el segundo, tercer y cuarto auténticos, y los tonos segundo y cuarto. A él también se le atribuye la autoría de muchos idiomela (troparias cortas y separadas, algo similares a nuestras antífonas), encontradas en los oficios de trece fiestas del calendario griego, usualmente como doxasticha y aposticha en laudes y vísperas, y en stichera visperal y procesional. (La palabra idiomela es variamente interpretada como sugiriendo que cada idiomelon tiene su propia melodía, o entendiendo melos poéticamente, ritmo. A veces las idiomela son combinadas en una serie, y entonces se llaman stichera idiomela; pero en este caso no parecen preservar ninguna afinidad o similitud estructural, y han sido comparados a versos irregulares en inglés.)
Fuente: P.G., XCVII, 789-1444; PETIT in Dict. d'arch. chret. et de lit., s.v.; MARIN in Dict. de theol, cath., s.v.; NEALE, Hymns of the Eastern Church, for translations of portions of the Great Canon and Idiomela.
Traducido por Luz María Hernández Medina

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