jueves, 27 de marzo de 2014

Aniquilar el nihilismo es matar a la muerte




El profesor Gerhard L. Müller, catedrático de Teología Dogmática en la Universidad Ludwig Maximilian, de Munich, se encontraba en Madrid, impartiendo un curso en la Facultad de Teología San Dámaso sobre Jesucristo, Hijo de Dios y de la Virgen María. Ésta es su visión de las consecuencias que tiene lo sucedido el 11 de septiembre para el auto-ententendimiento del hombre de hoy, en relación con Dios

Benjamín R. Manzanares
 Profesor Müller, ¿cuál fue su reacción al conocer la noticia de los atentados de Washington y Nueva York?
Me afectó como a todos los hombres que sienten próximos a sus hermanos y hermanas. Pensaba en todas las víctimas que perdieron sus vidas, sufrieron heridas físicas, psíquicas, y en todos los familiares que perdieron a sus seres queridos. Pero, además, me preguntaba cómo es posible que haya hombres que maltraten a otros hombres de esa manera. No hemos olvidado los grandes fracasos y derrotas del humanismo en el siglo XX: los campos de concentración bajo el nacional-socialismo, el comunismo con el exterminio de millones de hombres, las guerras civiles en diferentes países y tribus, como la que hubo entre tutsis y hutus. Todo eso es signo de la libertad del hombre y del mal que puede llegar a albergar su corazón, si utiliza mal su libertad. Hasta aquí y después de las experiencias del siglo XX, muchísimas veces el hombre se ha presentado como lobo para el hombre y no como su hermano. A los que entienden la historia humana a la luz de la revelación de Dios, esto no puede en absoluto sorprenderles, porque el hombre, desde el inicio de su historia, se alejó de la gracia de Dios, con la consecuencia de hacerse enemigo de su hermano: así lo expresa la Biblia en el episodio clave sobre Caín y Abel, en el que se demuestra la situación del hombre sin Dios. Al final, los hombres mataron a Jesucristo que es la encarnación del amor de Dios en favor de los hombres. Matar a Cristo es el escándalo de los escándalos, porque el hombre se niega a sí mismo como hijo y amigo de Dios, se mata a sí mismo como criatura de Dios.

¿Cómo podemos entender los hechos del 11S a la luz de la revelación del amor de Dios?
Lo que es absolutamente terrible e inexplicable es el hecho de que se recurra a Dios como excusa para justificar esta matanza. Los terroristas se presentaron como creyentes en Dios, en la tradición del Islam, y se sintieron justificados para tener el derecho de promover su religión con estos métodos. Sus métodos, sin embargo, obviamente son contrarios a la voluntad de Dios, que ha creado a los hombres para que vivan. En los salmos del Antiguo Testamento podemos leer que Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva; por eso nadie tiene el derecho de matar a los hombres en nombre de Dios. Según su propio entendimiento, islam es entender y conocer a Dios. Dios siempre es el autor y nunca el destructor de su propia criatura. Por lo tanto, la referencia a Dios como legitimación de matar o herir a los hombres es nada más que ateísmo crudo, y la negación de la naturaleza intelectual del hombre. Nunca está justificado instrumentalizar a los hombres con la excusa de servir a los hombres.

¿Ha cambiado algo después del 11S, o todo es como antes? Las primeras semanas tras los atentados, hasta los intelectuales más laicistas reconocían cómo la Humanidad tenía que replantearse muchas cosas que, dándolas por hecho, las está perdiendo –a raíz de la crisis de valores, del nihilismo en el que se encuentra inmersa–. Recientemente se ha dado a conocer cómo la economía estadounidense ha sido capaz de resurgir de la crisis del 11S y ya está ya en los niveles económicos que gozaba antes de los atentados. ¿Es la economía, entonces, la salvación del hombre?
Para todos nosotros, creyentes y no creyentes, cristianos y fieles de otras religiones, este acontecimiento tendrá que ser un símbolo de un nuevo comienzo común hacia un nuevo futuro común en la convivencia pacífica de los hombres, en el respeto a los derechos humanos. En el siglo XXI no tenemos nada más que esta opción. No podemos alcanzar el futuro a base de odio, de desprecio, de violencia y de destrucción del hombre. Nosotros creemos en Dios que es el Padre de todos, el garante de los valores fundamentales sobre los cuales tenemos que construir la nueva comunión de todos los hombres en un único mundo. El sentido de la vida humana no consiste, no está en el dinero, prestigio, poder, éxito, carrera, en la promiscuidad sexual, sino en la confianza en Dios, la amistad con los hombres y la familiaridad de los padres y de los niños. Siempre me ha sorprendido la inscripción en los dólares In God we trust (confiamos en Dios). Claro que tenemos toda la confianza en Dios, pero no creemos en el dios dólar, sino en Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo. En contra de la ideología del capitalismo creemos que el pobre y el que sufre es elegido por Dios. La ideología del rico-atractivo-sano es el mundo iluso de Hollywood; no es la teología de la identificación de Dios con todos los que necesitan su gracia y se abren a ella. El hombre tendrá que utilizar el dinero, pero no poner toda su confianza en los bienes de este mundo. Como dice la parábola del evangelio del hombre que puso toda su confianza en su riqueza: «Necio, esta noche vas a morir y tendrás que dar cuenta a Dios de tu vida».

¿Qué piensa sobre el futuro de la fe en Dios?
No podemos seguir como antes, como si no hubiera pasado nada. He leído un artículo en el Frankfurter Allgemeine Zeitung, de José Saramago, que –desde su visión marxista del mundo– explicaba el atentado como consecuencia de la fe en Dios. Él acusaba a los creyentes en Dios de ser potencialmente terroristas. La verdad es lo contrario. Si Dios ha muerto y todo está permitido, como dijo Nietzsche, ¿por qué acusan a Dios, en el que no creen? Nadie puede negar que en nombre del comunismo se mató a millones de cristianos de forma terrorista. El terrorismo, como desprecio de la dignidad humana y del ser a imagen de Dios es consecuencia del ateísmo y del nihilismo. Es evidente que estos terroristas, a pesar de referirse a Dios, son ateos. Un ateo no es sólo quien niega la existencia de Dios, sino también aquel que no cumple su voluntad. La sociedad post-cristiana secularizada tendrá que aprender que Dios es el único que puede salvar a los hombres. Muchísimos contemporáneos que se han alejado en sus sentimientos y mentalidades de Dios, de Jesucristo y de su Iglesia, están invitados a desarrollar una nueva sensibilidad hacia las preguntas existenciales de la existencia humana, hacia la solidaridad fundamental entre todos los hombres, y hacia la relación fundamental y universal con Dios, principio y fin del mundo, y del hombre.
Pienso en el gran número de los jóvenes que son víctimas de un consumismo absolutamente superficial y anti-humano, que nunca puede ser una respuesta adecuada a la naturaleza intelectual y espiritual del ser humano. Las promesas de una vida sin problemas se han manifestado falsas y vacías, si el hombre vive fuera de la palabra de Dios que se dirige siempre a cada hombre en su valor inconfundible. Dios es el único garante contra la despersonalización del hombre. El nihilismo lleva consigo una despersonalización del hombre. Todos conocemos fenómenos que muestran los resultados del nihilismo: las drogas, la destrucción de las familias, de la amistad natural de los hombres entre sí. En algunos países europeos tenemos el nuevo fenómeno del llamado satanismo, que es buscar lo destructivo como tal. Esto es para mí la última consecuencia del nihilismo y del desconstructivismo, esa corriente filosófica contemporánea que explica todas las grandes ideas como mera construcción humana, o quiere explicar todas las grandes ideas humanas como, por ejemplo, Dios, la revelación, la encarnación, la dignidad humana, la gracia, la comunión de los santos o la Iglesia como si fueran meras construcciones de la creatividad humana, sin fundamento en la realidad. Todo eso nos demuestra que el ateísmo y nihilismo neutral es imposible sin consecuencias destructivas hasta la completa destrucción del hombre y la disolución total de lo humano. Nosotros los cristianos, y todos los hombres de buena voluntad, propugnamos una filosofía de la inexorable positividad del ser y de la existencia, del rostro bueno del misterio de Dios. Y, consecuentemente, tenemos, a pesar de todos estos acontecimientos negativos en la historia de la Humanidad y de los sufrimientos en las vidas individuales, una confianza indestructible en que Dios, origen y autor del ser y de lo bueno, va a llevar a cabo la Historia de la salvación y desconstruir la desconstrucción, aniquilar el nihilismo, matar a la muerte.

¿Ve signos de esperanza? ¿Por qué este hombre de hoy, que se cree autosuficiente, ante hechos como los del 11S vuelve a darse cuenta quizá de su pertenencia y necesidad de Dios?
El 11 de septiembre puede ser un símbolo del fracaso de la autosuficiencia del hombre, sin Dios y contra Dios. Espero que muchos hombres de hoy, y, sobre todo, los niños y los jóvenes, despierten de estos sueños y se abran a los desafíos existenciales. La enseñanza de todos estos acontecimientos debe ser una inconfundible autoestima de cada hombre, la confianza en su futuro, a la luz de la aceptación de todos por Dios,
Creador y Padre de todos, y que Dios mismo realizó en la creación de todos. Estamos convencidos de que Dios mismo, y no una evolución ciega del cosmos, creó a todos, a su imagen y semejanza, eligió a todos en Cristo, a través de la Historia de la salvación en Cristo. Creemos en la encarnación de la Palabra de Dios, en la auto-entrega de Jesucristo en la cruz, y en la presencia definitiva de su amor en el Espíritu Santo derramado en nuestros corazones. Creemos en la resurrección de Jesucristo, como fundamento de la esperanza en la vida eterna, es decir, en la comunión

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