jueves, 27 de marzo de 2014

LA PERSONALIDAD DE JESÚS


CERCANO A LOS MARGINADOS
 
Marginados propiamente tales
En la sociedad y en el tiempo de Jesús, marginados propiamente tales eran los marginados por causa de la religión. A esta categoría de personas pertenecían muchos ciudadanos de Israel: los que no tenían un origen legítimo, como eran los hijos ilegítimos de sacerdotes, los prosélitos (paganos convertidos al judaísmo), los esclavos emancipados, los bastardos, los esclavos del templo, los hijos de padre desconocido, los expósitos; los que ejercían oficios despreciados, como eran los arrieros de asnos, los que cuidaban de los camellos, los cocheros, los pastores, los tenderos, los carniceros, los basureros, los fundidores de cobre, los curtidores, los recaudadores de contribuciones, etc. Pero especialmente se consideraban como impuros, y por tanto eran marginados, los "pecadores", prostitutas y publicanos, y los que padecían ciertas enfermedades, sobre todo los leprosos. Además eran también fuertemente marginados los samaritanos y los paganos en general. Como se ve, mucha gente, gran cantidad del pueblo estaba "manchada" de ilegitimidad por una razón o por otra.
Estas divisiones no eran meramente teóricas. Por supuesto, afectaban al honor de las personas. Pero la cosa era más grave. Porque todas las dignidades, todos los puestos de confianza y todos los cargos públicos importantes estaban reservados a los israelitas de pleno derecho. Los demás eran ciudadanos de segunda clase o incluso de tercera, como era el caso de los pecadores, los publicanos, los leprosos y los samaritanos. Se comprenden fácilmente las divisiones, tensiones y enfrentamientos que todo esto llevaba consigo, sobre todo si tenemos en cuenta que había de por medio grandes intereses de clase y enormes privilegios, que eran defendidos con uñas y dientes por los bien situados.
Pues bien, estando así las cosas, ¿cómo se comportó Jesús ante semejante situación?
Otra vez aquí el comportamiento de Jesús tuvo que resultar, en aquella sociedad, sorprendente, provocativo y escandaloso. Los evangelios nos informan abundantemente en este sentido. Cuando le preguntan a Jesús si era él el que tenía que venir (Mt 11,3 par), ofrece la siguiente respuesta: "Los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la buena noticia" (Mt 11,5 par). Aquí se debe destacar la acción sobre los leprosos, porque ellos eran los más marginados entre los marginados, hasta el punto de que no podían ni tratar con el resto de la gente, ni siquiera vivir en las ciudades, de tal manera que tenían que pasar la vida a la intemperie. Pues bien, sabemos que Jesús curó a varios leprosos (Mc 1,40-45; Lc 5,12-16; 17;11-19), es decir, reintegró a la convivencia social a los que se tenían por marginados. Es más, sabemos también que dio a sus discípulos la orden de curar leprosos (Mt 10,8). Y él no tuvo el menor inconveniente de alojarse en casa de uno que había sido leproso (Mt 26,6 par). La intención de Jesús es clara: para él no existe marginación alguna, ni tolera en modo alguno la marginación. Por eso él actuó en consecuencia con este planteamiento.
Esto se ve, sobre todo, en el comportamiento de Jesús con los pecadores, las prostitutas, los samaritanos, los publicanos y demás gente de mala fama. El evangelio cuenta que Jesús y sus discípulos solían comer con pecadores y gente de mala reputación (Mt 9,10-13 par; Lc 15,1s.). Este hecho es muy significativo. Porque, según la mentalidad judía, comer con alguien era tanto como solidarizarse con él. De ahí el escándalo que produjeron estas comidas de Jesús con gente de mala fama (Mt 9,11 par). Es más, Jesús llegó a decirles a los dirigentes judío que los recaudadores y las prostitutas estaban antes que ellos en el reino de Dios (Mt 21,31). Lo cual era lo mismo que decir que el reino de Dios no sólo no tolera marginaciones, sino además que los marginados por los hombres son los primeros en el Reino.
Mención especial merece el comportamiento de Jesús con los samaritanos. Esta gente era considerada como hereje y despreciable por los judíos. Y las tensiones entre unos y otros eran tan fuertes, que con frecuencia se llegaba a enfrentamientos sangrientos. Cuando Jesús atraviesa Samaría, no encuentra acogida (Lc 9,52-53) y hasta se le niega el agua de beber (Jn 4,9). Pero, a pesar de todo eso, Jesús pone al samaritano como ejemplo a imitar, por encima del sacerdote y del levita (Lc 10,30-37), elogia especialmente al leproso samaritano (Lc 17,11) y se queda a pasar dos días en un pueblo de samaritanos (Jn 4,39-42). Por eso no tiene nada de particular cuando insultan a Jesús llamándole samaritano (Jn 8,48). Por su cercanía a los marginados, Jesús llegó a ser él mismo un marginado.
Aquí será importante hacer la aplicación de todo este planteamiento a nuestra situación actual. Porque también hoy entre nosotros existen marginados. Piénsese en los indígenas, los negros, los homosexuales, las madres solteras, etc. Como se ha dicho muy bien, el comportamiento de Jesús frente a los marginados debe interpelarnos seriamente. Pienso que lo que de verdad nos acusa a los cristianos de hoy no son los ritos vacíos, ni nuestra diversidad de opiniones en materias dogmáticas -el así llamado pluralismo teológico-, ni nuestra tardía incorporación, más o menos selectiva, al proceso de la modernidad. La acusación realmente sustantiva contra nosotros la constituye el aspecto que ofrece el mundo, ese mundo en el que tenemos la misión de ser sal y luz, fermento poderoso de transformación integral en una línea de justicia, misericordia y fraternidad. ¿Lo somos?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Procura comentar con libertad y con respeto. Este blog es gratuito, no hacemos publicidad y está puesto totalmente a vuestra disposición. Pero pedimos todo el respeto del mundo a todo el mundo. Gracias.