jueves, 27 de marzo de 2014

LAS BIENAVENTURANZAS

 (Mt 5,3-10)
"Felices los que tienen espíritu de pobre, porque de ellos es el Reino de los cielos".
("Bienaventurados los pobres de espíriru...")
("Dichosos los que eligen ser pobres...")

No se trata de pobres "sociológicos", un pobre corriente, puede tener un enorme deseo de riqueza, su ideal es ser rico, pero no lo puede conseguir, es un rico frustrado. Este pobre no entra en las bienaventuranzas. Esta bienaventuranza se refiere a los que se dan cuenta que para eliminar la injusticia en el mundo es necesario la opción voluntaria por la pobreza, están contra el tener "mucho" y retenerlo para sí. Lo poco que tiene está siempre dispuesto a compartirlo con los demás. Al estar bajo "el Reinado de Dios" es "dichoso", "feliz", "bienaventurado". El que hace esta opción por los pobres sabe que esta es la única forma de que se acabe la injusticia en el mundo y no quiere ser cómplice de ella. Jesús viene al mundo para que el hombre sea feliz aquí, en la tierra, quiere que el hombre experimente aquí lo que significa el amor de Dios, que el hombre tenga un desarrollo humano como Dios desea, en una sociedad libre, donde no esté oprimido y pueda escoger con libertad el camino que desee. Por eso el "pobre de espíritu" puede seguir los valores que marca el "evangelio", la "buena noticia". Al "compartir" sabe que se acaban las necesidades porque todos nos ayudamos, lo mismo que si conseguimos la "igualdad" entre todos y en vez del poder como valor supremo ponemos el "servicio" a los demás.
Hay mucha gente que acumula riquezas para tener seguridad, pero eso también puede fallar (inflación, devaluación de la moneda, hundimiento de los mercados de valores, guerras...), la seguridad solo está en Dios "porque dónde tengas la riqueza, tendrás el corazón". Tenemos el corazón en aquello que nos da seguridad, nos definimos por nuestros objetivos, si mi objetivo es acumular dinero para tener seguridad, eso es lo que me define. Con lo que tengas, comparte, se espléndido y generoso, no seas tacaño. Ser espléndido es lo que da valor a la persona y ser tacaño es su miseria. Ser pobre de espíritu también significa ser generoso, ser desprendido, darse cuenta que el valor supremo de la vida no es el poder del dinero; una vida modesta y una buena disposición a compartir son los rasgos de esa pobreza que nos anuncia esta bienaventuranza.
"Felices los que lloran, porque recibirán consuelo"
("Dichosos los que sufren...")
Los oprimidos van a ser dichosos, van a encontrar el consuelo, su sufrimiento va a ser aliviado y suprimido. ¿Cómo puede ser esto posible? ¿Es que Dios va a venir para cambiar la sociedad actual? No, por supuesto, es que cuando existan las verdaderas comunidades cristianas, los hombres serán solidarios, libres e iguales, hermanos con un mismo Padre. La comunidad cristiana es el Reinado de Dios, el lugar donde reina Dios y es por tanto el comienzo de la "nueva humanidad". Una humanidad que pase del estado de opresión, injusticia y falta de libertad a un estado más positivo, donde exista la libertad, la autonomía, la justicia, la solidaridad y el amor. Al formarse esta comunidad, este grupo cristiano, se crea con el un espacio donde se puede vivir con estos valores y los que estaban oprimidos, al entrar en la comunidad pueden encontrar ahí su consuelo. A medida que las comunidades cristianas van creando ese clima de igualdad, de solidaridad, de compartir..., la gente que estaba oprimida deja de sufrir. Por eso no basta que se predique el mensaje de Jesús, es necesario también que se creen esas comunidades de vida, para que exista un espacio real donde se puedan desarrollar los valores del ese mensaje.
"Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia"
("Dichosos los sometidos...")("Dichosos los mansos...").
Los pacientes, los mansos, son los que carecen de independencia y libertad, o lo que es lo mismo, los que están "sometidos" a otros. Los más "grandes", los más "listos", los más "ricos", son en general los que "someten" a otros y es entonces cuando aparecen los "siervos", los "pobres", los "desheredados". Con la nueva comunidad cristiana los que estaban sometidos van a encontrar su libertad e independencia y poseerán la tierra todos en común, que es el símbolo de la libertad e igualdad de todos los hombres.
"Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados"
Lo mismo que el que no tiene nada que comer y beber se muere, el que vive en la injusticia es un muerto en vida, su vida es indigna de vivirse. La justicia supone igualdad, dignidad, autonomía, libertad, derecho a decidir, en fin, ser tratado como persona. Jesús promete que ese anhelo del hombre de verse libres de la opresión y de gozar de independencia y libertad va a ser saciado. En esa comunidad cristiana, signo de la nueva humanidad que constituye el "reino de Dios", ya no quedará rastro de injusticia.
"Felices los compasivos, porque obtendrán misericordia"
("Dichosos los que prestan ayuda, porque esos la van a recibir") ("Dichosos los misericordiosos")


Prestar ayuda es la disposición de la comunidad cristiana. Dios ayuda a la comunidad que ayuda. La comunidad ejerce precisamente su acción liberadora prestando siempre ayuda. No se trata de misericordia como sentimiento, sino como obra (obras de misericordia); es decir, de prestar ayuda al que lo necesita y "en cualquier terreno", en primer y preferente lugar en lo corporal: "Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me recibisteis en vuestras casas, anduve desnudo y me vestisteis, estuve enfermo y fuisteis a visitarme, estuve en la cárcel y fuisteis a verme" (Mt 25,35s).
"Felices los de corazón limpio, porque verán a Dios"
"Limpios de corazón" son los que no abrigan malas intenciones contra su prójimo. En la 1ª bienaventuranza Jesús identifica la riqueza como a un ídolo; son los codiciosos los que tienen una conducta malvada. Los malos designios que salen del corazón manchan al hombre y desembocan en malas acciones. La limpieza de corazón es sinceridad y transparencia de conducta y crea una sociedad donde reina la confianza mutua. Tienen el corazón limpio los que no tienen "mala idea", ni mala intención contra nadie, no hay miedo de que esa persona nos traicione, ni ponga la zancadilla, ni tenga algún que otro propósito oculto de explotación. Los limpios de corazón tendrán, eso les promete Jesús, una experiencia constante y profunda de Dios en su vida. La pureza o limpieza ante Dios no se consigue con ritos ni observancias, sino con la sinceridad de conducta y con la buena disposición ante los demás. Dios no reside en templos fabricado por hombres, su presencia directa y personal puede apreciarse en el hombre de corazón limpio. La comunidad será diferente con esa sinceridad, esa autenticidad, esa transparencia de los limpios de corazón que tendrán como premio una experiencia inmediata y directa de Dios en sus vidas y "verán a Dios"(1).
"Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios".
No debemos entender el concepto de paz por la ausencia de guerra, paz significa las buenas relaciones humanas, la prosperidad, el derecho y la justicia. Podríamos decir también: dichosos los que trabajan porque los hombres sean felices. Y Dios les llamará hijos suyos. porque "hijo" es el que se porta como su padre y estos hijos de Dios van a dar al mundo lo que es la imagen del Dios verdadero.
"Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de Dios"
("Dichosos los que viven perseguidos por su fidelidad, porque esos tienen a Dios por rey")
Es la situación en que viven los que han hecho la opción contra el poder y el dinero. La sociedad, que precisamente está basada en la ambición de poder, gloria y riqueza, no puede tolerar a estos grupos cuyo modo de vivir niega las bases de su sistema. Es por tanto la persecución de estos grupos una consecuencia inevitable a su actividad. Hay quien cree que la Iglesia se tiene que acercar a unos regímenes políticos más que a otros, pero eso es un error, la Iglesia no tiene que acercarse a nadie. Los regímenes políticos que conocemos representan a una sociedad injusta, tanto el dictatorial, como el democrático. Aunque el sistema democrático es menos injusto por el mayor margen de libertad existente, la economía de mercado de nuestra sociedad es también profundamente injusta, porque al consagrar el capital, es decir la desigualdad entre los hombres, consagra el acaparar y entonces lo necesario para unos le sobra a los otros. Es radicalmente antievangélica al impedir la relación de amor, la igualdad entre los hombres, pues es imposible esa relación donde hay acaparamiento de dinero. Sin embargo, la actuación de estos grupos cristianos que optan tan radicalmente contra los valores establecidos, provoca una liberación progresiva de los oprimidos y va cambiando poco a poco la sociedad. La renuncia a la idolatría del dinero crea el ámbito para el reinado de Dios.

Notas:
(1) Alejaba de Dios cualquier estado de impureza "legal", tocar un cadáver, tener una mujer el periodo, no lavarse las manos..., tabúes ancestrales que se acaban con el mensaje de Jesús. Lo que verdaderamente hace al hombre agradable a Dios y tenga acceso a El, dice Mateo, es que tenga el corazón limpio, lleno de amor a los demás. Y no hay otra cosa. Mateo echa por tierra todos los ritualismos, todos los locales sacros, templos y demás... todo esto se ha acabado, en esto coinciden todos los evangelistas. Dios siempre está cerca del hombre, pero para que uno lo note tiene que estar en "sintonía" con él. Sintonía que se traduce en esa transparencia de vida, en esa sinceridad, lealtad y bondad hacia los demás.

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