martes, 8 de julio de 2014

François-René Chateaubriand

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Escritor francés nacido en Saint-Malo, Bretaña el 4 de septiembre de 1768 y muerto en París el 4 de julio de 1848.
Estudió en Dol, Rennes, y en Dina. Destinado a la marina y durante un tiempo convencido que tener vocación par ala vida eclesiástica, finalmente en 1786 obtuvo una comisión como teniente del regimiento de Navarra, acuartelado en Cambrai por entonces. El joven oficial pasaba la mayor parte del tiempo en Paris donde residía su hermano una de sus hermanas. Con la caída de la monarquía se embarcó el ocho de abril en Saint-Malo para América. Los grandes espacios salvajes americanos fueron sin duda una inspiración para su poética mente alimentándola con mil imágenes. Sin embargo, cuando Luis XVI fue arrestado en Varennes, Chateaubriand creyó que era su deber poner su espada al servicio de la monarquía que peligraba, volviendo a Francia el 2 de enero de 1792. Se casó, emigró, se unió al ejército de Condé, fue herido y dejado por muerto durante la expedición contra Thionville, logrando escapar a Inglaterra en 1793. Vivió en Londres en la más abyecta miseria siendo incapaz de volver a Francia hasta 1800, y entonces sólo bajo un nombre falso.
"Le génie du Christianisme" (Paris, 1802) le hizo famoso poco después y Bonaparte le nombró secretario de la embajada en Roma y después ministro en Valais, Suiza, puesto al que renunció antes de ocuparlo.
Fue admitido en la Academia Francesa para ocupar el lugar que dejaba con su muerte Marie Joseph Chénier, y rehusó callar sobre las ideas revolucionarias de su predecesor, a pesar de los intentos de Napoleón, lo que retrasó su recepción hasta la caída del Imperio. En adelante se zambulló en la lucha de los partidos políticos.
Su vida política ha sido dividida en tres partes distintas: El período puramente realista hasta 1824; (2) el período liberal de 18243 a 1830; (3) el periodo de realismo y republicanismo ideal entre 1830 y su muerte.
Nombrado Ministro de Estado después de Waterloo se opuso elocuente y enérgicamente al ministerio Decazes (1816-1820), fue embajador sucesivamente en Berlín y Londres, plenipotenciario en el Congreso de Verona y finalmente Ministro de Asuntos Exteriores durante el ministerio Vilelle En 1824 el rey le despidió por su orgullos carácter que le hacía intolerable para sus colegas. Desde entonces Chateaubriand combatió una guerra sin piedad a favor de los principios liberales contra todos los departamentos ministeriales, y hasta contra la realeza. Nombrado embajador en Roma en 1828, dimitió cuando Polignac subió el año siguiente y cuando en 1830 Luis Felipe ascendió al trono, rehusó prestar el juramento de fidelidad al nuevo régimen. Esto fue el fin de su carrera política activa.
Los principales escritos de Chateaubriand son el "Essai historique, politique et moral sur las révolutions anciennes et modernes" (Londres, 1797); "Atala" (Paris, 1801), un episodio del "Le génie du Christianisme" (Paris, 1802, 5 vols., 8vo); "René” que como "Atala", pertenecía "Le génie du Christianisme", y fue editado separadamente por el autor en 1807 – una novelas mórbida que mostraba un panorama de melancolía fatal y sueños tontos; “Les martyrs" (Paris, 1809), un poema en prosa que quería probar con ejemplos la superioridad del Cristianismo sobre el Paganismo como fuente de inspiración poética. Con una escrupulosidad literaria, rara en esos días, Chateaubriand se tomó a pecho el visitar los lugares que iba a describir en esta obra. En realidad ese viaje fue el que produjo "Itinéraire de Paris à Jerusalem" (Paris, 1811), un delicioso y preciso libro de viajes. Después apareció una serie de obras políticas: "De Buonaparte et des Bourbons" (Paris, 1814), un folleto del que dijo Luis XVIII que había valido tanto como un ejército completo a la Restauración; "De la monarchie selon la charte" (Paris, 1816), un librito que le privó tanto del titulo como de los ingresos como ministro de estado; "De la restauration et de la monarchie élective" (Paris, 1831), en el que hacía la siguiente profesión de fe:”Soy Borbón por asunto de honor, realista según la razón y convicción y republicano por gusto y carácter”; "Etudes, ou discours historiques" (Paris, 1831, 4 vols., 8vo), una obra repleta de ideas originales que no carecía de erudición.
Escritos en los que la propia personalidad del autor cuenta son sus "Voyage en Amérique" (Paris, 1827) y su gran obra póstuma "Les mémoires d'outre-tombe" (Paris, 1849-1850, 12 vols. en l8mo), un vasto panorama de los sucesos que ocurrieron en su vida o con los que se identificaba. El examen de esta larga serie de obras deja en claro el talento diversificado del autor. El estilo des maravillosamente variado. En sus poemas en prosa tales como “"Les martyrs", en su novelas como "Atala", en su descripciones poéticas como las de "Le génie du Christianisme", de un colorido vivido y sin paralelo y armoniosa fraseología. “toca todas las cuerdas de mi corazón como si fuera un clavicordio” dijo una gran señora del principios del siglo XIX (Il joue du clavecin sur toutes mes fibres).
Sin aparente esfuerzo da a sus pensamientos una lujuriante opulencia de expresión, riqueza y elegancia y también una cierta grandilocuencia que ahora puede parecer algo anticuada. Por otra parte, Al abrir uno de sus libros poéticos, se le encuentra brillante, brusco e incisivo. Y no se puede afirmar, como se ha hecho, que el delicioso y magistral estilo de Chateaubriand sirve solo para ocultar una deplorable pobreza de pensamiento, como un magnífico tejido sobre un cuerpo débil e insignificante. Chateaubriand tiene magníficas ideas, sobre el pasado en sus páginas históricas; sobre el presente en sus escritos políticos, aunque estos no carezcan de errores; uy tiene abundantes ideas sobre el futuro, particularmente sobre el tema de la religión y el papel social que cree está llamada a jugar.
Su influencia en la literatura es unánimemente reconocida. El Romanticismo tiene en él sus raíces y hasta se puede decir que todo el movimiento literario característico del siglo XIX comienza con él. Admitiendo que tuvo predecesores y que su estilo recuerda a Jean-Jacques Rousseau, sin duda inauguró una nueva literatura.
A pesar de lamentables enfermedades morales, Chateaubriand fue un cristiano sincero desde el momento de su conversión hasta su muerte. Porque necesitaba convertirse y no porque su educación no hubiera sido religiosa. Es mismo relata con qué celo piadoso preparó su primera comunión y que memorables emociones despertaron en su corazón aquél solemne día. Unos dieciséis años después, en 1796 publicó su escéptico "Essai sur les révolutions".
En el intervalo la mente joven de Chateaubriand se contaminó con el espíritu anti-cristiano que invadía Francia, leyendo libros peligrosos, especialmente los de J.-J. Rousseau, y por su asociación con los literatos de parís entre 1787 y 1791. Cuando a la edad de 21 se embarcó para América su fe era una llama muy débil a punto de extinguirse. Finalmente la vida miserable que se vio obligado a llevar en Londres removió su alma haciendo que se volviera contra todo, tanto instituciones como hombres. Fue un rudo golpe el que despertó su religión durmiente. El primero de julio de 1798 su hermana, Mme. de Farcy, le escribió comunicándole la muerte de su madre, añadiendo que, dolorida por su abandono de la fe – como era manifiesto en su "Essai sur les révolutions" — le había hecho pedido en su lecho de muerte que se reconciliara con la fe. Y Chateaubriand le hizo caso. Parecía venir como la última oración, una súplica entre lágrimas desde al tumba que encerraba los restos mortales de quien le había amado tan tiernamente y cuya angustia él había aumentado de forma tan cruel. Emocionado al recordar los días de su infancia, con los recuerdos piadosos que siempre rodeaban a su madre, comparando el horrible vacía que había dejado en su alma la falsa filosofía con la inefable paz que su religión le había proporcionado, sus crueles dudas desaparecieron de repente en con el llanto que le desbordaba. “Lloré” dijo, “y creí”" (Prefacio a la primera edición de "Le génie du Christianisme"). Este cambio se explica mejor ya que fue causado por el progreso de sus ideas. Su “Ensayo” no es la obre de un infiel confirmado, Aunque ocasionalmente el autor hable como un filosofo del siglo dieciocho también lo hace como cristiano: cree y duda por turnos. La mente no siempre engaña al corazón, pero con frecuencia le confunde. La mente de Chateaubriand oscilaba entre la fe del cristiano y la incredulidad del escéptico, pero su corazón, nunca totalmente indiferente, puso toda su creencia en la balanza y la fe triunfó para siempre.
Sobre la fuerza de las deficiencias morales de Chateaubriand Sainte-Beuve ha insinuado que no era un cristiano genuino, pero esto es una calumnia. Desafortunadamente Chateaubriand, no era el único hombre que aunque tenía una fe fuerte, en su conducta era débil. Su sinceridad religiosa es un hecho bien establecido y los críticos de su tiempo lo atestiguan. Hay que reconocer esta sinceridad aunque su palabra no era de confiar en asunto menos serios. Por ejemplo, J. Bédier trato de demostrar que el "Voyage en Amérique" era ficción porque el autor no tuvo tiempo de realizar semejante viaje en los cinco meses que estuvo en el continente americano. Pero esto no puede aceptarse. En una obra titulada "Sainte-Beuve et Chateaubriand" se ha demostrado que el ilustre escritor tuvo tiempo de sobra para le viaje, que de hecho realizó y no solo imaginó, como reclama Bédier.
Habiendo tenido la desgracia de atacar a la fe, Chateaubriand deseaba tener el honor de defenderla, ambición que realizó en varias partes de sus obras, pero más especialmente en "Le génie du Christianisme". La defensa del cristianismo que presenta en este famoso libro tiene un carácter nuevo. Más aún, el subtítulo de la primer edición indica claramente que la intención del escritor era señalar las “bellezas de la religión cristiana”. La apología se basa en la estética y el argumento fundamental de la obra se expresa así en las líneas finales: “Aunque no hemos empleado los argumentos que generalmente utilizan los apologistas del cristianismo hemos llegado por una cadena diferente de razonamientos a la misma conclusión: la Cristiandad es perfecta, los hombres son imperfectos. Pero una consecuencia perfecta no puede provenir de un principio imperfecto. La Cristiandad, por consiguiente, no es obra de los hombres”.
Este argumento tiene ciertamente mucho peso intrínseco, pero hay que admitir que aquí y allá el escritor insiste en detalles que contribuyen poco a darle fuerza mientras que por otra parte omite puntos de vista que podían establecerse más solidamente. Además, aparte de su merito literario, el valor apologético real del “El Genio del Cristianismo” es relativo, por las circunstancias: la obra se publicó en el momento preciso y por eso su éxito. En sus “Memorias” el autor fue lo suficiente clarividente para ver esto y lo suficientemente valiente para admitirlo. El siglo XVIII había intentado destruir los dogmas cristianos ridiculizándolos confundiendo a las mentes cultivadas. Chateaubriand aceptó el reto y demostró que la religión ridiculizada era la más hermosa de todas y por ello la más favorable a la literatura y las artes. En ese momento Napoleón estaba reconstruyendo los altares destruidos y el Autor de “EL Genio…” y el general victorioso trabajaban para el mismo fin, cada uno a su manera.
La influencia de Chateaubriand es incontestable. El Abbé Pradt, que era hostil a este libro, dijo en 1818:” Restauró la religión en el mundo, estableciéndola sobre mejores bases, porque hasta entonces había seguido, por así decirlo en la estela de la sociedad y desde entonces ha marchado visiblemente a la cabeza”.
Esta apología, más aún, ejerció una gran influencia sobre los apologistas. A lo largo del siglo XIX Chateaubriand la idea de Chateaubriand fue aceptada; la belleza de la doctrina cristiana y su profunda armonía con las aspiraciones de la humanidad ya no se estudiaron solo desde el punto de vista estético sino desde un punto de vista social y moral. La gloria de los pioneros es abrir caminos útiles por los que otros puedan ir más lejos, aunque mantengan el mérito de haber dado con atrevimiento los primeros pasos.


Bibliografía

SAINTE-BUEVE, Chateaubriand et son groupe littéraire sous l'Empire (Paris, 1889); para todas las obras de Chateaubriand apaprecidas antes de 1896 se puede consultar en general a KERVILLER, Essai d'une bibliographie de Chateaubriand (Vannes, 1896); BERTRIN, La sincérité religieuse de Chateaubriand (Paris, 1900); ID., Sainte-Beuve et Chateaubriand (Paris, 1906); BÉDIER, Etudes critiques (Paris, 1904); GIRAUD, Chateaubriand (Paris, 1904). BIRE, Mémoires d'outre-tombe (Paris, nueva, 6 vols. Sin fecha).

Georges Bertrin.

Transcrito por Marjorie Bravo-Leerabhandh.

Traducidopor Pedro Royo

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