lunes, 4 de agosto de 2014

Códices mayas

Página 9 del Códice Dresde (de la edición de Ernst Förstemann, en 1880)
Los códices mayas son libros escritos antes de la conquista y en su escritura se emplean caracteres jeroglíficos, que muestran algunos rasgos de la civilización maya. Los códices han sido nombrados tomando como referencia la ciudad en la que se localizan. El Códice Dresde es considerado el más importante. Los mayas desarrollaron su tipo de papel en una época relativamente temprana, ya que hay pruebas arqueológicas del uso de cortezas desde inicios del siglo V. Ellos lo llamaban huun.
«[...] Tempranamente en su historia, los mayas produjeron una clase de manto de la parte interna de la corteza de ciertos árboles, principalmente del higo salvaje o amate, y del matapalo, otro ficus. A partir de ésta y con cal ellos formaban papel, cuándo ocurrió, lo desconocemos. El papel inventado por los mayas, era superior en textura, durabilidad y plasticidad al papiro Egipcio.»
Sandstrom and Sandstrom, Traditional Papermaking

Historia

Había varios libros mayas escritos al tiempo de la conquista de Yucatán en el siglo XVI, pero casi todos fueron destruidos más tarde por conquistadores y misioneros. En particular, los encontrados en la Península de Yucatán fueron destruidos por órdenes de Fray Diego de Landa en julio de 1562. Juntos, los códices son una fuente de información primaria de la cultura maya, junto con las inscripciones en piedras y monumentos, y estelas que sobrevivieron hasta nuestros días y los frescos de algunos templos. Muchas de las claves para entender al mundo maya fueron así destruidas.
Alonso de Zorita escribió que en 1540 él vio esos libros en el altiplano de Guatemala que “narraban su historia de más de Ochocientos años atrás y que le fueron interpretados por Indígenas muy ancianos” (Zorita 1963, 271-2). Fray Bartolomé de las Casas se lamentó cuando descubrió que esos libros fueron destruidos y escribió: "Estos libros fueron vistos por nuestros clérigos, y yo aún pude ver restos quemados por los monjes aparentemente porque ellos pensaron que podrían dañar a los indígenas en materia de religión, ya que se encontraban al inicio de su conversión". Los últimos en ser destruidos fueron los de Tayasal, Guatemala, la última ciudad de América en ser conquistada en 1697.1
Solamente tres códices unánimamente considerados auténticos sobrevivieron hasta nuestros tiempos. Éstos son:
Parecidos en forma y estructura, cada uno está escrito en una sola hoja plegada de casi 7 metros de largo y de entre 20 y 22 centímetros de alto, en pliegos que miden cerca de 11 centímetros de ancho.
La autenticidad del Códice de Grolier, también conocido como el Fragmento de Grolier, no es aceptada por todos los mayistas.

El Códice Dresde

El Códice Dresde está guardado en la Sächsische Landesbibliothek (SLUB), la biblioteca estatal en Dresde, Alemania. Es el más elaborado de los códices. Es un calendario que muestra qué dioses influyen en cada día. Explica detalles del calendario maya y el sistema numérico maya. El códice está escrito en una larga hoja de papel que está doblado de forma que se crean 39 hojas, escritas en ambos lados. Probablemente fue escrito por escribas mayas justo antes de la conquista española. De alguna manera llegó a Europa y se vendió a la librería real de la corte de Sajonia en Dresde, en 1739.2
En las páginas 46 a 50 incluye un calendario de Venus, lo que muestra que los mayas tenían un calendario muy complejo asociado con ideas ceremoniales. En cada una de estas páginas se encuentran cuatro columnas, cada una con treinta de los signos utilizados en el calendario de 260 días, llamado "tzolkin". Cada uno de los signos representa el día en el tzolkin en donde ha comenzado una posición particular de uno de los cinco períodos de Venus que complementan ocho años de 365 días. Las cuatro columnas de cada página en particular representan a Venus en sus cuatro posiciones en el firmamento: la conjunción superior, la estrella de la mañana, la conjunción inferior y la estrella de la tarde. En la parte inferior de cada página se muestra en números mayas el número de días de cada período.3
Un aficionado alemán, Joachim Rittsteig vinculado a teorias pseudocientíficas, anunció en 2011 haber descifrado este códice el cual, según afirmó, le permitiría ubicar un tesoro de unas ocho toneladas de oro en tablillas.4 5 Expertos en cultura maya aseguran que dichas lecturas, y la posterior expedición emprendida por Rittsteig, carecen de rigos científicohttp://www.prensalibre.com/noticias/Cientificos-fraudulenta-expedicion-Izabal-inmediato_0_441556038.html.
  • El Códice Kingsborough contiene la versión Aglio del Códice de Dresde. En 1825-1826 el italiano Agostino Aglio realizó una copia del Códice de Dresde en blanco y negro para Lord Kingsborough. Éste, a su vez, la publicó en el libro Antiquities of Mexico, que tuvo nueve tomos. Aglio había preparado también una versión a color, pero Kingsborough murió antes de que se publicara.6 Se llamó posteriormente Códice Kingsborough, en recuerdo de su compilador, al conjunto de documentos facsimilares y de copias de los manuscritos precolombinos mesoamericanos que incluyó Lord Kingsborough en su publicación original: Antiquities of Mexico.7

El Códice de Madrid

Fragmento del Códice de Madrid.
El Códice de Madrid habla sobre horóscopos y tablas astrológicas y es el producto de ocho diferentes escribas. Se encuentra en el Museo de América en Madrid, España. Tiene 112 páginas, que se separan en dos secciones, conocidas como el Códice Troano y el Códice Cortesano. Ambas secciones fueron reunidas en 1888. Quizá fue enviado a Carlos I de España por Hernán Cortés, junto al Quinto Real. En la primera carta de relación, Cortés describe: "Más dos libros de los que acá tienen los indios". López de Gómara en su crónica describe que "pusieron también con estas cosas algunos libros de figuras por letras, que usan los mexicanos, cogidos como paños, escritos por todas partes. Unos eran de algodón y engrudo, y otros de hojas de metl, que sirven de papel; cosa harto de ver. Pero como no los entendieron, no los estimaron." Cuando se envió la primera carta, la expedición de Cortés ya había tenido intercambios con los mayas en la isla de Cozumel, y con los mayas chontales después de la batalla de Centla.

El Códice de París

Presuntamente descubierto en una esquina de una polvorienta chimenea de la Biblioteca Imperial de París (ahora Biblioteca Nacional de Francia) tras ser adquirido en 1832, se dio a conocer a partir de 1859 por parte de Léon de Rosny. Este códice, también conocido como "Códice Peresianus", se encuentra en la actualidad en el Fondo Mexicano (Fonds Mexicain) de la Biblioteca Nacional de Francia y guardado celosamente sin exhibición al público.8 No obstante de este códice existen copias que han permitido su estudio. Estas copias, en su mayoría, se derivan de la versión cromolitografica de Léon de Rosny en 1887 (como la publicación de Graz de 1968 y la de Chiapas de Thomas Lee Jr. de 1995) y la versión fotográfica en blanco y negro de 1888.
El documento dispone de un total de once páginas, de dos de las cuales se han perdido completamente todos los detalles, y en las otras ocho se preservan razonablemente intactos los glifos ubicados en la parte central, pero todos los motivos cercanos a los cuatro márgenes se han borrado.9 La única discusión completa acerca del códice es el trabajo de Bruce Love en "El Códice de París: Manual para un sacerdote maya" de 1994, que refiere su temática a cuestiones rituales, correspondiente a los dioses y sus ceremonias, profecías, calendario de ceremonias y un zodiaco dividido en 364 días.10

El Códice de Grolier

A pesar de que los otros tres códices ya habían sido encontrados desde el siglo XIX, el Códice de Grolier se dio a conocer en 1971. Se dijo que este cuarto códice maya fue encontrado en una cueva en la sierra de Chiapas en 1965; perteneció al doctor José Sáenz, quien se los mostró al mayista Michael Coe en el club Grolier de Nueva York, por lo cual se le conoce con este nombre. Es un fragmento de 11 páginas muy mal conservado, y se ha determinado que debió pertenecer a un libro con 20 páginas. Cada página mide 18 cm de alto por 12.5 cm de ancho. Por medio de radiocarbono se ha calculado que se fabricó en 1230 d. C. +/- 130 años. A pesar de esto, la autenticidad del códice, y más particularmente de su escritura, queda controvertida.
Actualmente está guardado en un museo de México, pero no expuesto al público. En Internet pueden encontrarse fotografías escaneadas del códice. Las páginas son mucho menos detalladas que las de los otros códices. En cada página siempre se encuentra la figura de un personaje mirando hacia el lado izquierdo de la página e invariablemente sosteniendo un arma o algún instrumento. Arriba de cada página hay un número. En la parte inferior parece haber una lista de fechas.

Controversias alrededor del Códice Grolier

Hay discrepancias entre los estudiosos, pues muchos consideran que se trata de una falsificación y otros lo consideran un cuarto códice maya. A pesar de que se ha calculado la datación por radiocarbono, que ubica una posible fecha de elaboración en el siglo XII, se duda de su autenticidad por el hecho de que está escrito solo en el anverso de las páginas, lo cual discrepa de los otros códices. La doctora Laura Elena Sotelo, especialista en códices mayas del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, ha estudiado el Grolier y declaró que "las evidencias apuntan a que está hecho en 1960, aunque aún existen controversias al respecto".11

El Códice Pérez

No es éste un códice como los anteriores, ya que no es un documento primario, aunque tiene también un valor muy grande. Códice Pérez es el nombre que el obispo Crescencio Carrillo y Ancona dio al trabajo que realizó a principios del siglo XIX el investigador mayista Juan Pío Pérez, consistente en una serie de copias fragmentarias de diversos libros del Chilam Balam, compiladas con el propósito de realizar los estudios cronológicos que emprendió el investigador de la cultura maya en Yucatán.
Este códice contiene también un almanaque suelto de Maní y algunas otras transcripciones de diversos documentos, aparte de los libros del Chilam Balam señalados anteriormente, particularmente los libros de Ixil, de Maní y de Kaua.
Según afirma el historiador y también mayista Alfredo Barrera Vásquez:
"El nombre de Códice Pérez se presta a confusiones ya que a un fragmento de él.... se le ha llamado "Pérez Codex". El verdadero título que Juan Pío Pérez le dio es: Principales épocas de la historia antigua de Yucatán.... Además del fragmento llamado así (Pérez Codex), existe el manuscrito precortesiano "Codex Peresianus", que nada tiene que ver con Pío Pérez, ni con los libros de Chilam Balam, de un modo directo. El "Codex Peresianus" se guarda en la Biblioteca Nacional de París y es, por supuesto, jeroglífico".12

Forma de creación

Durante años se pensó que los códices habían sido hechos de fibra de maguey, pero en 1910 R. Schwede determinó que fueron hechos mediante un proceso que usaba la corteza interna de una variedad del árbol del higo, mejor conocido como amate. Posteriormente la corteza se trataba con una capa de cal (o algo parecido a la cal) sobre la superficie, sobre las cuales se escribía con pinceles y tinta. La tinta negra era carbón negro de hollín, los tonos rojos se hacían de hematita (óxido férrico), azules maravillosos y luminosos (azul maya) y también había verdes y amarillos. Los códices se escribieron en tiras largas de este papel y se doblaron en forma de acordeón. Las páginas medían cerca de 10 por 23 cm (4 por 9 pulgadas).

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