lunes, 29 de diciembre de 2014

PALABRA DE DIOS

Viendo el comportamiento y la doctrina de Jesús, hemos comprendido lo que Dios será, lo que tendría que decirnos, los proyectos que sobre el hombre se hace.
PALABRA DE DIOS
            
Por eso Jesús es "lo decible" de Dios. San Juan, para resumirlo de una manera concreta, le llama Palabra de Dios. La palabra es lo interior de uno, lo que quiere decir, lo que siente en su corazón (después viene el vocablo concreto del lenguaje, pero lo importante es LO QUE tú quieres decir: amor, odio, alegría...). La palabra dice el interior de uno. Si Jesús es la palabra de Dios, él será lo decible, lo audible, lo explicable de Dios. Y no hay que admirarse de que se llame a toda una persona palabra de otra. Es como decir su doble o algo así.
  AHORA SE ENTIENDE MEJOR QUE ES LA REVELACIÓN
 Revelación es el hecho de que alguien comunique su propio interior a alguien; quita el velo de lo que él es. Esto sucede libremente, y por amor hacia la persona a quien uno quiere revelarse. Cuando uno comienza a revelarse, es que comienza a comunicarse,. a darse. Y esto sucede siempre en fuerza del amor. Nadie se abre a otro si no le aprecia o no tiene confianza en él. La revelación tiende a culminar en la donación.
La revelación de nuestro interior a otro se hace siempre a través y por medio de la palabra o del gesto, de la acción, como es, por ejemplo, un regalo... Pero en definitiva todo ello son "PALABRAS" dirigidas al interior del otro, a que nos comprenda, a que capte lo que en nuestro interior se siente y se proyecta con respecto al que nos oye, a quien nos dirigimos por amor. Esto es bello, y es arriesgado, porque todos sabemos que la palabra a la vez "re-vela" nuestro interior, pero a la vez lo deja velado: la palabra, el solo término "te quiero, te odio", no es capaz de transmitir la violencia real de lo que se siente y de cómo se siente en nuestro interior. Ese mismo riesgo corre Dios en la persona de Jesús: El, con su vida y muerte sencillas, sin otro poder que el de su palabra, su fidelidad a la justicia y al amor, siendo despreciado y tenido por malhechor incluso, revela y vela, a un tiempo, a ese Dios poderoso y eterno vencedor en la fidelidad para con el hombre.
Llamamos, pues, revelación al hecho de que Dios, en JESÚS  (en cómo él pensaba y procedía), se nos ha comunicado y nos ha manifestado su designio acerca del hombre: salvarlo.  

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