lunes, 2 de febrero de 2015

Canonicidad.

1. Canon y canonicidad
Bajo el punto de vista etimológico Kanwn significa "caña o vara de medir", "regla o plomada" usada en la construcción; quizá la palalabra provenga de una raíz semítica qané, (vara, caña cf. Ez 40,3.5-8; 4l,8; 42,16-19). Luego el término se empleó como sinónimo de "norma", "regla" (cf. Gal 6,16; 2 Cor 10,13.15.16). Ya en el siglo II de nuestra era se le entendía como la regla de la fe cristiana (el contenido), y después en siglos III-IV pasó a designar la lista de los libros inspirados por Dios, aceptados como tales por la Iglesia, en los que se contiene la regla de la fe (el continente).
Por canonicidad se entiende, pues, el reconocimiento y la aceptación oficial por parte de la Iglesia del carácter inspirado de un libro o de una serie de libros.
1.1. Terminología
Desde antiguo se distinguieron los libros bíblicos conforme a las siguientes categorías:
s "protocanónicos" = los libros que han sido aceptados desde siempre y sin ninguna discusión.

s "deuterocanónicos" (algunas iglesias protestantes los llaman apócrifos) = libros de cuya canonici-dad se ha discutido alguna vez. En el AT: Tobías, Judit, Sabiduría, Baruc, Eclesiástico (o Siráci-de) y 1-2 Macabeos; los fragmentos griegos de Daniel (3,24-90; 13-14) y Ester (10,14-16,24). En el NT: Hebreos, Santiago, Judas, 2 Pedro, 2 y 3 Juan, Apocalipsis y los relatos de Mc 16,9-20; Jn 7,53-8,11.
s Apócrifos u ocultos (algunas iglesias protestantes los denominan pseudo-epígrafos) = libros que se han querido equiparar a los bíblicos, pero que no forman parte del canon.
s espúreos, bastardos, ilegítimos = libros que sirven para propagar alguna herejía.

La terminología de "protocanónicos" y "deuterocanónicos" no es feliz, pues da a entender que en un primer momento unos libros fueron aceptados, y sólo posteriormente otros; cuando en realidad se trata de que en relación a los segundos hubo algunas dudas de parte de unas iglesias o individuos.
1.2. Formación del Canon del AT
Recordemos que la Escritura del Antiguo Testamento se fue formando a través de un proceso lento que abarcó siglos. En la base está la revelación de Dios en hechos y palabras, que fue transmitiéndose, entre otros medios, por las tradicio-nes orales, el canto, el culto, las fiestas, las leyes y la vida de Israel. Esta tradición, poco a poco, se empezó a consignar por escrito: piezas sueltas que luego se fueron uniendo por motivos literarios, temáticos, históricos o crono-lógicos; tradiciones más amplias en torno a personas, acontecimientos, lugares, etc., hasta que se llegó a la formación de los libros.
Podemos afirmar que por mucho tiempo los libros estuvieron abiertos a adiciones, reinterpretaciones y actualizaciones, no eran algo cerrado y fijo. Los libros fueron agrupándose en colecciones, como consta-tamos en la Biblia hebrea que los reunió en tres secciones.
La formación de la colección tripartita hebrea
- La Ley (Tôrá) parece que fue concluida hacia el s. V-IV a.c. y desde esa época reconocida como normativa para la comunidad judía (cf. Neh 8,1-8; Esd 7,14). Ya antes, en el 622, había sucedido el hallazgo del Libro de la Ley, quizá el núcleo del actual Deuteronomio; el rey Josías lo hizo normativo para la comunidad (cf. 2 Re 22-23). La Torá o Ley es, de hecho, la colección más estable, y la que gozó de aceptación exclusiva entre varios grupos de judíos (cf. saduceos, los grupos conservadores de Alejandría) o grupos relacionados con ellos (cf. samaritanos).
- Los Profetas (Nebî'îm), esta parte fue quizá terminada y reconocida hacia el s. II a.C., pues el Si-rácide menciona a los tres profetas "mayores" y a los 12 "menores" (cf. Sir 48,22-25; 49,4-10), además de que hace alusión a los diversos aconteci-mientos narrados en los libros de los profetas "anteriores" (cf. Sir 46-49).
- Los Escritos (Ketûbîm), es la colección más variable en su nomenclatura y además la última en su composición. Se le da distintos nombres: "los otros libros", "los libros de los antepasados", "los escritos", y posiblemente "los salmos" (cf. Lc 24,44). Además se sabe de diversos debates con relación a algunos de estos libros; por ejemplo, hacia finales del s. I d.C. se discutía en la escuela de Jamnia la admisión del Eclesiastés o Qohelet, y la del Cantar de los Cantares (este último quizá se ponía en duda por el uso profa-no que se hacía de él).
Testimonios antiguos de "canonicidad"
Como señal de la "canonicidad", sobre todo, de las dos primeras colecciones podemos ver los datos que se encuentran en el Segundo libro de los Macabeos (libro compuesto hacia el s. II a.C.): 2,13-14; 15,9; y en el Prólogo del traductor griego del Sirácide o Eclesiástico (escrito hacia la segunda mitad del s.II a.C.): vv. 2.8-10.24-25); el libro de Daniel (libro del s. II. a.C.): 9,2.
Otros indicios en torno a la conciencia canónica
Una conciencia más amplia de "canonicidad" o normatividad se descubre desde el momento en que se empiezan a consignar por escrito los acontecimientos fundan-tes de la vida de Israel, las leyes que regu-lan su existencia, o también cuando la palabra de los profetas se plasma por escrito por el valor permanente que se descubre en ella. En ocasiones esto se presenta como una orden explícita de Dios que manda poner por escrito diversas cosas. Por ejemplo cuando, en los relatos del Pentateuco, Dios ordena a Moisés escribir, y éste ejecuta dichos mandatos: Ex 17,14; 24,4; 34,27-28; Nm 33,2; Dt 31,9.22-26, o cuando el Señor ordena a los profetas consignar por escrito sus oráculos o parte de ellos como testimonio de que esa palabra que han proclamado se cumplirá un día: Jr 36; 30,1-3; 51,59-64; Is 8,16; 30,8; Hab 2,2.
También hay que pensar en el dato de que cuando llegan grandes crisis, por ejemplo el exilio y parte del postexilio o la época macabea, se intensifica la labor de poner por escrito sus tradiciones, o actualizar-las a luz de las nuevas situaciones. Las tradiciones deuteronomistas, sacerdotal, cronista, etc., nacen o se desarrollan en estos momentos.
Otro indicio también se aprecia en el hecho de que, en diversos momentos impor-tantes de la vida de Israel, a lo que ha sido puesto por escrito se le da un valor normativo. Por ejemplo, cuando se realiza la lectura del libro de la Ley o de la Alianza: Ex 24,1-11; 31-32; Dt 31,9-14.24-29; 2 Re 22,1-23,3; Jos 8,31-35; Neh 8. Esto indica que en Israel hay una conciencia de estar ante una palabra del Señor que es norma-tiva para la comunidad, como se refleja en la época del Nuevo Testamento con la expresión: "está escrito" o "¿no han leído ustedes?" (cf. Mt 4,4.7.10; 21,13.42; Mc 2,25; 7,7; 12,26; Lc 10,26; 20, l7, etc).
1.3. Formación del Canon del NT
El acontecimiento Jesús hizo que sus seguidores no sólo interpretaran los libros de la Escritura bajo una clave nueva, sino que pronto escribieran libros específica-mente cristianos.
Formación paulatina
Recordemos que la Biblia de la Iglesia primitiva era lo que nosotros llamamos Antiguo Testamento, interpretado en clave cristológica. Junto a estas Escrituras existió desde un primer momento la tradición de las palabras y hechos del Señor (cf. 1 Cor 1 1,23-27; 15,1-8; Lc 1,1-4), puesto que la norma suprema de la comunidad, su canon, era la persona de Jesús: sus palabras, sus acciones y su vida entera. La sucesión apostólica era garante de esa tradición (cf. Gal 1,6-10; 2 Cor 11,4).
Poco a poco debido a la expansión de la Buena Nueva por muchas partes, y por el hecho también de que se van acabando los testigos directos e inmediatos del Señor, se vio la necesidad de ir escribiendo esa "memoria" del Señor, para que así la tradición no se deformara, y las palabras y obras de Jesús fueran conocidas por las nuevas generaciones.
Elaboración del NT
Primero ha existido un período de tradición oral; después, sin suprimir la tradición, se realizan escri-tos parciales o totales que paulatinamente van integrándose en libros, constituyendo así el NT. De esta manera surgieron los libros del NT, que se escribieron entre los años 49/50 y 110/120. Son textos que sirven para expresar y estructurar la existencia comunitaria de la Iglesia o para resolver situaciones que se presentaban en algunas comunidades.
Los evangelios son testimonios de fe, surgen como "memoria" del Señor Jesús y tienden a suscitar y robustecer la fe: mostrar la solidez de las enseñanzas (Lc l,4) creer y tener vida (Jn 20,31). Sin lugar a dudas cada uno de ellos está orientado a alguna comunidad concreta.
De los restantes escritos, algunos son "ocasionales", es decir, nacen a propósito de una visita, de unas noticias recibidas, de unos problemas planteados. Por ejemplo, muchas las cartas van en esta línea, Rom, 1-2 Cor, Gal, etc. Otros parecen ser escritos más universales, tal es el caso de algunas cartas, como Ef; Col; St; 1 Pe.
Aceptación paulatina
Es probable que en los primeros años no circulasen todos los escritos en las diversas comunidades. Quizás por un tiempo, por ejemplo, Roma sólo conoció el Ev. de Mc; y Siria y Palestina el Ev. de Mt... Poco a poco las obras se fueron intercambiando (cf. Col 4,16) y difundiendo a otras comunidades.

En el mismo NT podemos encontrar algunos indicios del valor "canónico" (norma-tivo) que dichos libros van adquiriendo en las iglesias. San Pablo ordena que su primera carta a los Tesalonicenses se lea a toda la comunidad (1 Tes 5,27), y en la carta a los Colosenses pide que, además de que se lea, se inter-cambie con la carta enviada a los de Laodicea (Col 4,16) El más claro de los indicios en el NT es la cita de 2 Ped 3,14-16 donde se equiparan las cartas de Pablo a las demás Escrituras. No podemos saber a cuáles cartas se refiere el texto, pero sí podemos constatar que ya para esas fechas, a principios o, a más tardar, a mediados del s. II ya existía un "corpus" de cartas paulinas.

En el s. II es importante el testimonio de Justino que nos dice cómo cada domingo en las asambleas litúrgicas, junto a las colecciones de los profetas se leen las "memorias" de los Apóstoles, es decir, los evangelios. Además, conocemos ahora algunas copias o fragmentos de evangelios de estos años, por ejemplo el papiro Rylands copiado en Egipto hacia el 130 que contiene una pequeña parte de Jn 18. Tertuliano, hacia el 200, habla por primera vez del "Nuevo Testamento" aplicado ya al conjunto de libros.
El fragmento Muratoriano (s. II ó IV) es un documento importante sobre el tema del canon porque trae la primera lista de libros canónicos aceptada por la Iglesia romana.

1.4. Fijación oficial del Canon y actitudes de las confesiones cristianas

La fijación definitiva y oficial del canon, en el ámbito católico, se dio en la solemne declaración del Concilio de Trento hecha en la sesión IV, el 8 abril de 1546:
"El sacrosanto ecuménico y general Concilio Tridentino... admite y venera con el mismo piadoso afecto y reverencia todos los libros, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento... (sigue la lista de los libros)... Y si alguien no recibiera como sagrados y canónicos estos libros íntegros con todas sus partes, como ha sido costumbre leerlos en la antigua versión Vulgata latina, o si despreciare a ciencia y conciencia las predichas tradiciones, sea anatema" (Enchiridiion Biblicum = EB 57-60).
Con relación al canon, las iglesias cristianas tienen actitudes diferentes.
Los católicos aceptan lo que los Concilios han declarado: Los dos Concilios Vati-canos se remiten al decreto del Concilio de Trento. El Vaticano I (1870) explica la razón de su canonicidad: porque inspirados por el Espíritu Santo tienen a Dios como autor, "y como tales han sido confiados a la Iglesia" (cf. EB 77). El Vaticano II (1965) cita a Vaticano I, y además subraya que es la tradición la que nos da a conocer el canon de la Escritura y hace que los comprenda más y los mantenga siempre activos (cf. Dei Verbum = DV 8 y 11) .

Los ortodoxos: Algunos, debido a las influencias de los Reformadores, optaron por el canon "breve". Sin embargo, en los Sínodos de 1642 y 1672 utilizan la Septua-ginta como versión oficial.
Entre las Iglesias protestantes: Lutero no negaba el carácter inspirado a los libros "apócrifos" que los católicos y los grupos cuménicos llaman "deutero-canónicos", sin embargo los ponía en un distinto plano. En el sínodo de Dordrecht (1618-1619) se recomendaba la impresión de los apócrifos en letras más pequeñas al final de los dos Testamentos. Después esos libros fueron excluidos de sus Biblias.
Los anglicanos: En la confesión de Wetsminster de 1644 no aceptaron los "apócrifos" o deuterocanónicos. Pero a lo largo de la historia ha habido diversidad de posturas: aceptación y rechazo.
Las Sociedades Bíblicas (creadas a comienzos del s. XIX): su práctica inicial fue variable: inclusión de los apócrifos o exclusión. En 1968 se llegó a un acuerdo interconfesional para las ediciones ecuménicas de la Biblia: hacer dos ediciones de la Biblia, una con los deuterocanónicos para uso de los católicos, y otra sin ellos para los protestantes.
1.5. Criteriología particular
Son muchos los criterios que se han propuesto a lo largo de los siglos para enten-der lo referente al canon. Y sabemos que es difícil precisar el tipo de criterios que se emplearon para la aceptación práctica.
Los criterios se suelen clasificar en externos, internos y eclesiales. Su catalogación no es totalmente "pura", puesto que casi siempre un mismo hecho toca diversos criterios.
a) Los criterios externos que se enumeran son: apostolicidad (= perspectiva de que los apóstoles estén a la base de la transmisión expresada allí = continuidad apostólica, cf. DV 18), conformidad con la regla de la fe (= kerygma apostólico), antigüedad, unidad con la Escritura, edificación de la comunidad, etc.
b) Como criterio interno, que es el auténticamente normativo, se coloca la inspiración del Espíritu Santo, algo que no puede ser comprobable externamente, y por lo mismo, en sentido estricto, se sale del ámbito de los criterios. El recono-cimiento de la inspiración de un libro es lo que en definitiva lo hace normativo. No es la Iglesia la que "decide" cuáles son los canónicos: lo que hace la Iglesia es reconocer lo que el Espíritu ha inspirado.
c) Los criterios eclesiales se refieren a la aceptación por las iglesias, las citas que se hacen de los escritores sagrados, y, en especial, su lectura litúrgica.

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