lunes, 13 de abril de 2015

DEVOCIONES POPULARES Y LITURGIA

1. La vida espiritual ha de ser unitaria e integradora, porque una sola es también la devotio christiana o la piedad de la iglesia, aunque se exprese y se realice en el dualismo cultual representado por la liturgia y las devociones. Es la vida entera de los creyentes, e incluso de las comunidades, la que está llamada a ser culto al Padre en espíritu y en verdad (cf Jn 4,23).

2. La liturgia, aun cuando en ella predomina el elemento objetivo —el -> misterio de Cristo y de la iglesia—, no pretende ser la única forma de piedad eclesial. Más aún, para realizar su misión de santificación del hombre y de culto a Dios (cf SC 7), ha de cuidar también los elementos subjetivos de la participación personal e interior. En este sentido ha de haber continuidad entre la oración privada y la plegaria común y eclesial. El mismo Espíritu anima una y otra e infunde la única devotio, alma de toda acción cultual o piadosa.

3. La distinción entre liturgia y devociones, o entre actos litúrgicos y ejercicios de piedad, se basa no solamente en razones jurídicas, sino también en principios teológicos, de acuerdo con la naturaleza de cada forma cultual. De ahí que acciones litúrgicas y ejercicios piadosos tengan su propio modo y circunstancias de realización, no debiendo mezclarse entre sí. Tampoco es bueno ni oportuno pastoralmente modificar la estructura y las leyes propias de cada uno de estos actos y ejercicios, de modo particular en el caso de los ejercicios piadosos que cuentan ya con una larga tradición popular e incluso son recomendados y regulados por la autoridad competente.

4. Es necesario poner de manifiesto la complementariedad entre liturgia y devociones, dado el influjo benéfico que se produce en una y otra dirección cuando se respeta la debida jerarquía entre actos litúrgicos y ejercicios de piedad y se cultivan ambas formas de religiosidad con inteligencia pastoral. Aun cuando muchas devociones nacieron en épocas de decadencia litúrgica, la liturgia no puede agotar toda la acción pastoral ni toda la espiritualidad de los cristianos. Es preciso ofrecer al pueblo oportunos ejercicios de piedad para completar su formación cristiana e introducirlos en la vivencia del -> misterio de Cristo (cf SC 105). Los ejercicios piadosos siguen siendo válidos y necesarios, no porque el pueblo no vive la liturgia, sino precisamente porque ahora puede participar mejor en ella, y dichos ejercicios sirven de preparación y prolongan las actitudes con las que se ha participado en la celebración.

5. La piedad popular merece que se le dedique una mayor atención pastoral a causa de los valores específicos que contiene y porque es un poderoso medio de evangelización. Por otra parte, la liturgia debe acoger en las celebraciones sacramentales las instancias legítimas de la piedad popular, como son el sentido de lo santo, la capacidad de contemplación, la sencillez de espíritu, el clima afectivo y espiritual. La piedad popular y, en general, todas las devociones deben recibir de la liturgia lo que Pablo VI llamó orientaciones bíblica, litúrgica, ecuménica y antropológica. Los ejercicios de piedad han de incluir una permanente llamada a la conversión y a la fe, a la caridad fraterna y al compromiso apostólico y misionero.

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