miércoles, 6 de mayo de 2015

Imágenes de la Dormición Asunción, y Coronación de la Santísima Virgen

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Ninguno, á mi parecer, por mediana instrucción que tenga, ignora cuanto podría decirse sobre lo que abarca este título. Pero quien quiera, que este sea, acuérdese, que no he tomado yo á mi cargo, tratar principalmente de las cosas Eclesiásticas, ni tampoco hacer de muy severo crítico: antes he procurado, cuanto me ha sido posible, huir el cuerpo, por ser esto, como dice el Lyrico, periculosæ plenum opus aleæ; una obra llena de mucha dificultad. Con efecto, como todo hombre Católico, y sólidamente pío, deba tener por cosa cierta, y explorada, no solo que la Santísima Virgen, ó ya sea en cuerpo, o ya sin él, fue subida sobre los Ángeles, conforme habla S. Agustín, lo que ningún Católico duda ser cosa perteneciente á la Fé; sino también, que subió á los Cielos su santísima Alma juntamente con su cuerpo inmaculado (cuya sentencia parece ser el sentido de la Iglesia Católica, aunque no está expresamente definido, como advirtió bien el Cardenal Baronio) : Debiendo, digo, tener esto por cierto todo hombre sabio, no hay para que detenerme mucho en aclarar mas estas cosas, puesto que sólo hago el papel de quien únicamente pretende instruir, y advertir á los Pintores. Esto supuesto, me queda poco que decir, y advertir al Pintor, acerca de las Pinturas, é Imágenes de este Misterio. Porque, el que pintando la muerte de la Santísima Virgen, nos la representen echada en una cama, y rodeada de Ángeles por todas partes; sin embargo de ser esta una cosa muy frecuente, de suerte que no solo la vemos pintada, sino representada aun mas al vivo, en las Imágenes mas grandes de escultura: con todo yo nunca la aprobaré, ni aconsejaré á los pintores eruditos, que pinten así á la Virgen, en cuadros, ó lienzos, por más que los colores estén dispuestos con la mayor oportunidad. No que con esto pretenda yo refutar la pía tradición (que llama antigua S. Damasceno) de que en el tiempo de la gloriosa muerte de la Virgen (son sus mismas palabras) todos los Santos Apóstoles, que andaban dispersos por el mundo, y que estaban ocupados en la salvación de los hombres, levantándose en un instante por el aire, se juntaron en Jerusalén, &c. Ni me mueve tampoco, el que en esta pintura añadan los imperitos varias cosas, que ningún hombre de juicio las aprobará jamás, como es, el que mojando S. Pedro el hisopo en agua bendita (la que alguno, afectando demasiadamente el Gentilismo, llamaría Lustral) esté rociando la cama de la Inmaculada Señora; y á otros dos Apóstoles, que abierto el libro, están rezando las preces, del mismo modo que á los que ahora mueren, se les rezan aquellas oraciones, que llamamos Recomendación del alma, y otras cosas semejantes. Digo, que no me muevo á esto, porque intente, cuanto está de mi parte, desterrar la Pintura de la Sacratísima Virgen, cuando estaba ya para morir una muerte preciosísima, por cuyo motivo la pintan echada en la cama. ¿Pues cuál será la causa? Dirélo en pocas palabras. Este modo de pintar, supone la opinión del vulgo, ó por mejor decir, sigue ciegamente la imaginación, que sin hacer ningún examen de las cosas, se figura, que la Santísima Virgen, ó por enfermedad, ó por vejez (que también es enfermedad) acabó esta vida mortal. Esto es lo que yo tengo por falso. Ni soy el primero, que lo digo: lo mismo han dicho antes que yo, Teólogos de mucho nombre, y por todos puede verse el Doctor Eximio, que sigue á S. Damasceno, y á otros. Antes es muy probable, que murió la Soberana Reina, no en fuerza de alguna enfermedad, sino de ardentísimos afectos, de una intensísima contemplación, y de amor, el cual es también un deliquio, conforme á aquello: Quia amore langueo. Esto supuesto, sería lo mejor pintarla arrodillada en tierra, fijos los ojos en el Cielo, y extendidas las manos, antes que echada en la cama, como si estuviera enferma. Ni este quiero que pase por pensamiento mío. Un pío, y erudito Teólogo hablando sobre este punto, dice así: La Beatísima Virgen estuvo tan lejos de sentir algún dolor en su muerte, como lo había estado de toda corrupción. Fácilmente me persuado, que no estuvo echada en la cama á la manera de los que están enfermos, y que acaban su vida oprimidos por la enfermedad (dígolo con licencia de los Pintores, y Escritores); antes por el contrario, debemos creer, que entregó su espíritu al Señor, no en fuerza de alguna enfermedad, ó debilidad, sino orando de rodillas con mucha reverencia, y levantadas las manos al Cielo: el mismo modo que refiere S. Jerónimo haber muerto S. Pablo primer Ermitaño Como la Virgen hubiese entregado ya en manos de su Hijo su purísima, é inocentísima alma; es cierto, y unánimemente recibido, y lo refieren algunos Autores, que pueden verse en el pintor erudito, á quien tantas veces hemos citado, que su cuerpo fué llevado, y puesto en el sepulcro por manos de los Apóstoles, que lo envolvieron (según era costumbre) en lienzos puros, y limpios, y que junto á él perseveraron por tres días, percibiendo una armonía celestial en sus oídos, en que tenían ocupados inefablemente todos sus ánimos. Y que por la virtud de Dios, resucitase la Soberana Reina después de tres días, y que así resucitada, fuese llevada sobre los Cielos, y Coros de los Ángeles; es una verdad, que nadie podrá contradecir, si pía, y sobriamente quiere sentir con toda la Iglesia. Pero (descendiendo á lo que es mas de mi intento) podría representarse este triunfo de la Virgen, del modo que ya algunos lo han practicado; á saber, pintando á la Sacratísima Virgen, y Madre de Dios, adornada con ricos vestidos, y con un semblante hermosísimo (que de ningún modo se le debe pintar con el semblante viejo; pues fuera de que permaneció siempre Virgen intacta, ya estaba adornada, y revestida con las dotes de la gloria) afianzada en el hombro de su amado Hijo, conforme lo que leemos en los Cantares: ¿Quién es esta que sube del desierto, abundando en delicias, y recostada sobre su amado? y encaminándose á lo mas alto de los Cielos, rodeada por todas partes de muchedumbre de Ángeles. Pero, por ser común, y frecuente, el pintarla subiendo á los Cielos por mano de Ángeles (bien que no necesitaba de este auxilio el cuerpo glorioso, y dotado ya de admirable agilidad), es justo, que también se pinte así, y mas conforme á la piedad popular. Subida ya á los Cielos, suelen representárnosla (y con razón) hermosísima; pero muy modesta, juntas las manos ante el pecho, y recibiendo una corona de oro en su cabeza de manos del Padre Eterno, y de su Hijo, sobre los cuales se deja ver en la acostumbrada forma de paloma, despidiendo rayos de luz por todas partes, aquel Espíritu Divino, de quien había dicho el Ángel á la misma Virgen: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra . Elevada ya de este modo, y subida á los Cielos, la pintan alguna vez junto al Trono de Dios: esto es, á aquella Señora, de quien dice S. Gregorio el Grande, ó cualquiera que sea el Autor de los Comentarios sobre los Libros de los Reyes; que para llegar á concebir al Verbo Divino, erigió la cumbre de sus méritos sobre todos los Coros de los Ángeles, hasta el solio de la Divinidad.

Juan Interian de Ayala
Adaptado por José Gálvez Krüger para la Enciclopedia Católica
Tomado de "El Pintor Cristiano y erudito" 1782

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