jueves, 17 de septiembre de 2015

DE AUXILIIS

VocTEO
 

 Es el capítulo de la antropología  teológica en el que se intenta responder a la pregunta: "¿Por qué no se salvan todos? », manteniendo firmes dos verdades irrenunciables: l ) la primacía absoluta de Dios; 2) el papel activo del hombre en orden a la salvación.
Una vez asentado que Dios da al que  se convierte no sólo la capacidad de acoger la llamada a la salvación, sino también la misma adhesión a ella, se piensa que existen algunas "gracias" que, aun siendo eficaces en orden a la conversión, no alcanzan su objetivo por causa de la resistencia voluntaria del hombre a la acción de Dios; este no del hombre no es querido, sino sólo permitido por Dios. Se puede distinguir entonces entre gracia eficaz y gracia puramente suficiente. La primera es aquella a la que sigue infaliblemente el consentimiento libre del hombre; la segunda, por el contrario, es el don de Dios que de suyo permitiría al hombre realizar el acto salvífico, aunque de hecho no se verifica este último, debido a la libre oposición de la criatura; en este segundo caso, se da una resistencia del hombre a la ayuda divina, prevista y permitida por Dios. Podría decirse también que, mientras que la gracia suficiente tiene como efecto disponer al hombre a realizar el acto salvífico, inclinarlo a ese acto (aunque a veces ocurre que el hombre resiste a la gracia misma), se da, por el contrario, un vínculo infalible entre la gracia eficaz y el efecto salvífico querido por Dios. ¿Cómo hay que comprender este vínculo? Son tres las hipótesis tradicionales.
 
1. Predeterminación física,- La sostiene la escuela tomista y tiene en el dominico D. Báñez (t 1604) su principal exponente. La tesis de fondo es la siguiente: "La eficacia de la gracia divina se deriva dispositivamente de la moción moral, pero propia y formalmente de la premoción física predeterminante" (R. Garrigou-Lagrange). Con la moción moral, Dios ilumina el entendimiento y atrae la voluntad del hombre: de esta manera, dispone al hombre a la acción salvífica. Pero para que ésta se realice, es preciso que la voluntad de la criatura sea "movida» por Dios, de cuya libertad y de cuya acción depende la salvación. Esta moción divina precede al acto de la voluntad, no en sentido cronológico, sino ontológico : en efecto, Dios es causa pdma del acto humano de la voluntad. En este sentido, la acción divina puede llamarse justamente predetenninación, pero recordando que el hombre sigue siendo verdaderamente libre. Esta predeterminación se llama fisica en cuanto que hace que la voluntad se aplique al acto.
 
2. Predeterminación moral.- La sostiene la escuela agustiniana, según la cual la gracia eficaz es aquel "movimiento de caridad" que permite al hombre superar el atractivo de la concupiscencia (,71) y complacerse por el contrario en los bienes espirituales. Dios es el autor de aquella inclinación gracias a la cual el hombre consiente en el bien y actúa rectamente.
 
3. Presciencia divina,- Es el sistema que figura también con el nombre de molinismo (del jesuita L. Molina, + 1600). Aquí se afirma el papel decisivo de la presciencia, gracias a la cual Dios sabe si la voluntad se adherirá o no a una determinada gracia; esta última es llamada eficaz o suficiente sobre la base del consentimiento o de la disensión de la voluntad. Por eso, el acto salvífico es don de Dios, que ha dado una gracia previendo su eficacia, pero es también fruto de la libertad del hombre, que ha consentido en dicha gracia, haciéndola eficaz.
 
En tiempos recientes, dando un giro significativo al debate del pasado, la teología pone el acento en la alteridad o trascendencia del Dios personal y en la imposibilidad de capturar su acción, La presencia eficaz del Santo en la historia de los hombres no puede nunca comprenderse por entero dentro de los esquemas elaborados por la razón; es imprevisible e imposible de analogar. Como todo lo que existe y acontece depende (en sentido ontológico) de Dios, hay que reconocer la prioridad absoluta del Creador en lo que atañe al ser y al obrar de las criaturas. Esto no elimina ni la relativa autonomía de las criaturas ni la auténtica libertad del sujeto agente: es la voluntad del hombre la que, gracias a Dios, se determina a obrar. En el caso del pecado, hay que distinguir entre el acto en sí qúe depende siempre de Dios, y la disconformidad con el fin o con la norma, que depende exclusivamente de la criatura inteligente, que renuncia voluntariamente a la armonía filial con Dios, introduciendo así un desorden. Al contrario, por lo que se refiere a la gracia se puede afirmar que el acto salvífico es posible al hombre en el momento en que recibe de Dios una ayuda que ilumina la inteligencia y atrae la voluntad; este acto es puesto libremente por el hombre, aunque Dios es la causa primera de la eficacia infalible de la misma ayuda. En el caso de resistencia a la ayuda divina, se habla de gracia suficiente: el acto salvífico no se realiza por causa del hombre, que ha opuesto voluntariamente un rechazo a aquella ayuda que, de suyo, habría sido suficiente para realizar el bien. Pero, una vez afirmada la prioridad absoluta de Dios, hay que callarse inmediatamente sobre el modo de cómo tiene lugar la cooperación entre Dios y el hombre en el cumplimiento del bien; en la fe sólo se puede reconocer que esa cooperación existe y que constituye el signo evidente de ia bondad infinita de Aquel que, a pesar de ser causa primera de todo cuanto existe en la realidad y en la vida de las criaturas libres, goza al ver que sus hijos se convierten, con él, en protagonistas del bien.
G. M. Salvati
 
Bibl.: N, Flick - Z, Alszeghv Antropologí~l teológica, Sígueme, Salamanca 1970; A, Ganoczy De su plenitud todos hemos recibido gracia, Herder Barcelona 1991.

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